domingo, diciembre 29, 2013

Aullidos (Joe Dante, 1981)

Meses antes de que John Landis estrenara Un hombre lobo americano en Londres, Joe Dante se marcaba su propio homenaje a los licántropos con esta Aullidos (The Howling). Aunque las comparaciones son odiosas, son también inevitables. Dos directores a quienes unía una muy estrecha amistad revisionaron el mito del hombre lobo en el mismo año, y ambos con la ayuda del mismo especialista en maquillaje de efectos (el gran Rick Baker, aquí en calidad de asesor).


Karen (Dee Wallace), una popular presentadora de televisión de Los Ángeles, sufre una crisis nerviosa al estar a punto de ser asaltada por un violador. Para superar el trauma sigue el consejo del Dr. Waggner (Patrick McNee) que le recomienda retirarse a descansar al campo. Pronto descubrirá que su estrés post-traumático no es en absoluto el único peligro al que está expuesta.

El guión de John Sayles, basado en la novela homónima de Gary Bradner, es una interesante actualización del género licántropo que sitúa a estos depredadores sobrenaturales en la América de los ochenta, ocultos pero adaptados a la vida moderna, reconvertidos en psico-killers y violadores. A pesar de esta premisa ciertamente atractiva, el primer punto de giro, que por consejo de Waggner lleva a nuestra protagonista a un particular retiro en una comunidad de enfermos mentales, se nos hace tremendamente inverosimil e impostado. Desde los primeros minutos sospechamos que un deux ex machina se cierne peligrosamente sobre la historia (la mandamos al campo para exponerla al peligro), y es que el guión de Sayles muestra demasiado pronto la corrupción de dicha comunidad y la conexión de la misma con el primer asalto a Karen, matando parte del factor sorpresa.


A partir de ahí todo parece suceder por unos demasiado obvios y predecibles mecanismos de causa-efecto; podría decirse incluso que Aullidos cuenta con varios auto-spoilers. Por ejemplo, el marido de Karen se nos presenta como vegetariano, bastante más tarde es mordido por un lobo; algo después ya no es vegetariano, y hacia el final se convierte en lobo. Cada uno de estos eventos se separa unos 20 minutos del anterior y/o posterior, y deja entrever el siguiente. Por si no fuera bastante con un guión algo torpe en este aspecto, el director de Gremlims se revela además como un story teller poco experimentado en materia de suspense. No se corta en mostrar manos, patas y vistas subjetivas del licántropo anulando el horror que genera la anticipación del ataque.

Paralelamente, y aunque la película cuenta con algunos de los más laureados actores del horror film norteamericano, amén de un cameo del mismísimo Roger Corman, o la guapa Dee Wallace (E.T.) de protagonista, ninguno de estos rostros logra levantar el filme por encima del aprobado. El sello de Dante se reduce pues a su gusto por el cartoon y las películas clásicas de terror (muestra varios fragmentos de El Hombre Lobo de George Waggner), tributos en los que también incurría Landis, aunque con algo más de mesura.

Técnicamente también se quedaron a medio gas: las metamorfosis, aunque fueron en cierto modo pioneras, quedan muy lejos de las innovadoras y sugerentes propuestas de Un hombre lobo americano en Londres (estrenada tan solo unos meses después) o En Compañía de Lobos (1984). Una fotografía quizá demasiado luminosa da la película un aspecto de telefilme que no lo favorece demasiado.


Supongo que para algunos, todas estas particularidades otorgan a Aullidos un cierto aire de culto o encanto ochentero, pero quiero creer que para que un clásico de los 80's perdure y nos arañe el corazón debe poseer algo más que una estética transochada. En mi opinión, los films mencionados en el párrafo anterior superan con creces el que nos ocupa. Como sea, y aunque el climax durante la revelación en la cabaña me resultó igualmente predecible, reconozco que hay en él algunos de los mejores diálogos. Más adelante durante la última escena en el estudio de televisión, experimenté una cierta catarsis emocional. Estas dos escenas, junto al caracter pionero de los efectos especiales, salvan a mi juicio, el conjunto final y hacen de Aullidos una película cuando menos interesante, aunque con ciertas carencias narrativas.

martes, diciembre 10, 2013

Entre dos mundos (Fernando González Sitges, 2013)

Estos días están siendo ajetreados para la productora mexicana Minotauro, pues se encuentra en plena campaña de promoción de este documental de carácter histórico dirigido por Fernando González Sitges (en el que también colaboran diversas entidades españolas y mexicanas) acerca de la figura mítica de Gonzalo Guerrero, el soldado y marino onubense que se convirtió a la cultura maya, rehusó ser rescatado por Hernán Cortés y combatió a los españoles, bajo el rango de jefe militar en la tribu de los Tutul.

 

Estamos ante una cinta con vocación documental, pero apoyada fuertemente en imágenes ficcionales más propias de un rodaje cinematográfico, en esa corriente a la que que cada vez más parece adscribirse el género. Así pues, no sólo se apoya en testimonios de arqueólogos e historiadores, en grabados de la época y mapas explicativos, sino que también tenemos la oportunidad de contemplar hazañas de Guerrero (interpretado por el actor David Marín) en las paradisíacas playas del Nuevo Mundo.

A pesar de este look cinematográfico, en lo relativo al rigor histórico y verosimilitud, la cinta de Fernando González se salva de cualquier sospecha o reserva, ya que asume desde un principio la dificultad de una aproximación realista, dejando claro que lo relatado proviene de cronistas e historiadores, y no todos fueron testigos presenciales de los hechos. Lo que nos van a contar es lo que consta en los archivos, no hay más.


Superado ese primer temor por mi parte, tengo que decir que disfruté bastante. Entre Dos Mundos, aunque basada en hechos reales, se pliega sin vacilar a las estructuras del cine espectáculo, reubicando y ordenando los diferentes hitos del soldado español en una estructura modélica y hasta excesivamente formulática. Dicho de otra forma, aun siendo la primera aproximación a la figura de Guerrero, no es en absoluto la primera película de "conquistadores conquistados por la belleza del nuevo mundo, sino que presenta semejanzas nada sutiles con varios blockbusters del cine americano, como Bailando con lobos, Pocahontas o la mismísima Avatar, por mencionar sólo 3 ejemplos. Esto no es necesariamente malo, ya que sin faltar a los registros, la trama gana en interés y se digiere con facilidad y familiaridad. 



A pesar de ser una producción low-cost (IMDB estima su coste en apenas 350.000 dólares), Entre dos mundos ostenta una cuidada fotografía, tanto en las localizaciones naturales de la Rivera Maya como en interiores bellamente atrezzados e iluminados. La postproducción de los elementos gráficos se me antoja, eso sí, algo apresurada.  Un mayor mimo en lo relativo al diseño hubiera dado a Entre dos mundos, un empaque visual muy superior.

Con todo, estamos ante una producción solvente y con cuerpo, con un ritmo adecuado y de un notabilísimo interés histórico, que a pesar de su reducido presupuesto, alcanza el estándar mínimo del cine documental serio.

lunes, diciembre 02, 2013

¡Estrenamos PODCAST!

En Copia Zero nos estrenamos en el mundo del podcast. El pasado 6 de Noviembre tuvo lugar la grabación de este primer programa, en el que charlamos con el escritor y crítico de cine Carlos Díaz Maroto sobre el mítico creador de efectos visuales Ray Harryhausen. Carlos, pionero del fanzine español, colaborador de Morpho y creador de El Sueño del Fevre, es además el director de nuestra web amiga www.pasadizo.com y ha escrito un sinfín de libros sobre cine fantástico como Drácula, de Transilvania a Hollywood, King Kong, el rey del cine o la guía Star Trek: La frontera final junto a Luis Alboreca. 




Luego se unieron a nosotros los chicos de Teckel Studios, Victor García y Cristina Villanueva, para hablarnos sobre su proyecto de convertir En Busca del Arca Perdida, en una aventura gráfica al estilo de LucasArts. Hemos podido ver capturas de la primera demo que lanzaron y recupera en verdad todo el sabor de la época dorada de los míticos Monkey Island o Indiana Jones, Fate of Atlantis.


Tras un arduo proceso de postproducción, para que podáis disfrutar de estos contenidos de forma amena, divertida y con un buen nutrido número de mini-clips de audio alusivos de los filmes que tratamos en las entrevistas, llega, recién salido del horno, el primer podcast de Copia Zero, al que podéis dar PLAY bajo estas líneas.



Como devotos fans que somos no nos pudimos resistir a compartir nuestros tesoros cinéfagos en forma de props de Indiana Jones o material de coleccionista sobre Ray Harryhausen.


Desde aquí, el Doctor Vertov os anima a escuchar este primer podcast que presentamos con gran ilusión, y a compartirlo si creéis que el esfuerzo nos ha merecido la pena. Estaremos de nuevo "en el aire" en cuanto tengamos más cosas que contaros de esta disciplina que nos apasiona que es el cine fantástico.

viernes, noviembre 29, 2013

Viral (Lucas Figueroa, 2013)

Acabamos de venir de la premiere de Viral, la primera película de Lucas Figueroa, realizador argentino provinente del mundo de la publicidad y realizador de Porque hay cosas que no se olvidan, que ostenta el record de ser el cortometraje más premiado.

La película cuenta la historia de Raúl, un joven artista gráfico agobiado por las deudas, huérfano de madre y con su padre en un psiquiátrico. Su vida cambia cuando resulta ganador del concurso 'El Friki de la Fnac', por el cual obtendrá 15.000 euros en premios si, encerrado una semana en la conocida tienda del centro de Madrid, logra para la misma un total de 100.000 fans en las redes sociales. Pronto se verá acosado por una supuesta entidad que habita en los grandes almacenes ¿Es un montaje promocinal o hay realmente  fantasmas?



Con esta premisa comienza una película que, lejos de encontrar el punto exacto entre comedia y terror, parece perder desde su mismo inicio no solo el punto, sino los propios códigos fundacionales de ambos géneros. Sobre el papel, la película tenía elementos interesantes con los que jugar (un  cuento clásico de fantasmas, de iconografía religiosa y oscurantista; una velada crítica al mercantilismo y al márketing agresivo), pero todo se queda en agua de borrajas debido principalmente a un guión sin fuerza que apenas esboza todos los atractivos potenciales de la idea inicial.


Con este material de base, poco o nada pueden hacer los actores. A pesar de su demostrada solvencia en el medio televisivo, los jóvenes protagonistas, no logran pasar del aprobado, especialmente Miguel Ángel Muñoz, que se gana un suspenso de tomo y lomo con su torpe imitación del acento andaluz. Por encima suya se sitúan Chani Martín, Aura Garrido o el veterano Pedro Casablanc, que por momentos logran una actuación convincente y otorgan cierta credibilidad a la trama.

Si malo es el guión, peor es la realización. El principal problema es el propio Fnac; y es que la localización donde transcurre el 80% del film no tiene ni chicha ni limoná, y lejos de sentir la claustrofobia que persigue Figueroa, acabamos hartos de tanta estantería, tanto CD y tanto prop de Star Wars. Este estatismo intenta compensarse con planos secuencia, o con algún montaje dinámico en la línea de Aranofsky, así como algunos travellings imposibles (que entran y salen a través de los monitores o los visores de las cámaras de seguridad), y varios sustos de manual, pero todas estas soluciones visuales resultan impostadas  y sin una justificación clara.


Ni tan siquiera el maquillaje de FX ofrece un resultado profesional, y la música resulta redundante y demasiado sujeta a los cánones (estas notas dan miedo, estas otras son románticas, estas generan tensión) revelando aun más la impostura. No hablo aquí del grupo Auryn sino de la partitura instrumental.

No obstante, Viral tiene leves destellos de brillantez. Un homenaje al giallo italiano aquí, una buena interpretación allá (sobre todo Aura Garrido y Pedro Casablanc), pero en defintiva podría hacerse mucho, muchísimo mejor. Mi sentimiento hacia esta película es el mismo que hacia la saga de La herencia Valdemar; apoyo muchísimo el cine autofinanciado y autoproducido, por su valentía y entrega (tanto más si pertenece al género del fantasterror), pero me duele en el alma que al final, se cometan errores tan elementales como los del filme que nos ocupa.

jueves, noviembre 21, 2013

Don Jon (Joseph Gordon-Lewitt, 2013)

El solvente actor Joseph Gordon-Lewitt (The Dark Night Rises, Looper, Lincoln) se estrena en la dirección con Don Jon, una comedia políticamente incorrecta escrita y protagonizada también por él, en la que aborda con complicidad y buen rollo la historia de un pajillero compulsivo, de fuertes convicciones religiosas, que pese a su éxito con las mujeres, encuentra más placer visionando porno por internet que en sus relaciones sexuales. Contra todo pronóstico, Jon se propone abandonar por una temporada los ligues de una noche y conquistar a Barbara Sugarman (Scarlett Johansson), que en apariencia es la chica perfecta.


El actor, director y guionista parece encontrarse a sus anchas, interpretando a un paleto religioso y pajillero, que en el fondo no es más uno de tantos anti-héroes cómicos de clase media con el que, a pesar de su rudeza, la identificación primaria del espectador se hace inevitable. Podemos empatizar o no con sus hábitos onanistas, pero reconocemos en él las inseguridades, los ademanes forzados y todo ese discurso del macho alfa que en el fondo no es más que una fachada ante familiares, amigos y conquistas femeninas.


Aunque lineal y predecible, el guión se sirve de efectivos gags ubicados estratégicamente en la trama que soprendentemente están rodados sin los excesos de otras películas (se me viene a la mente el trabajo de los hermanos Farrely o la saga Scary Movie), optando por un tono realista más en la línea del guionista Richard Curtis (Notting Hill, Cuatro bodas y un funeral). Otro de sus puntos fuertes es el brillantísimo elenco de secundarios encabezados por Julianne Moore, pero donde brillan con luz propia Tony Danza y Glenne Headley (interpretando a los padres de Don) que recitan el guión con pasmosa naturalidad y una gracia innata.


Que un actor se ponga detrás de las cámaras siempre genera inquietudes. El producto final de Gordon-Lewitt no merece en ningún caso el suspenso pero bien es cierto que todo es demasiado fácil en Don Jon. A pesar del discurso irreverente y las continuas alusiones al sexo y la religión, el tono es bastante descafeinado y el arco argumental no es distinto del de cualquier comedia romántica (género con el que incluso se permite el lujo de ironizar en una escena del film, donde el protagonista las llama 'el porno de las mujeres').

Dicho de otra forma, Gordon-Lewitt se nos revela como un escritor ingenioso y con inventiva, pero no asume riesgos reales ni nos ofrece nada que no hayamos visto un millón de veces. Podríamos concluir en que Don Jon es una comedia romántica 'para tíos', pero sólo en apariencia, pues inevitablemente el protagonista acabará encontrando su lado femenino, y el director podrá así reconciliarse con ambos sexos.

miércoles, noviembre 20, 2013

10000 noches en ninguna parte (Ramón Salazar, 2013)

Ayer asistimos a la premiere en los Cines Callao de 10.000 noches en ninguna parte, la tercera película (y la más personal) de Ramón Salazar (Piedras, 20 centímetros, guionista de Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de tí). Con reservas motivadas por sus guiones para dramas adolescentes, pero con un firme interés en ver el resultado de esta película autoproducida y filmada con una Canon 5D, entré en el cine tratando de liberar mi mente de prejuicios.

Se nos cuenta la historia de un joven apocado y gris (Andrés Gertrudix), que cuida de su madre alcohólica (Susi Sánchez) en un oscuro piso del centro de Madrid. Un día emprende una suerte de viaje iniciático que podría cambiar su vida y abrirle las puertas a un mayor entendimiento de si mismo. Sus pasos le llevan a París, dónde conocerá a una española muy peculiar (Lola Dueñas) y a Berlín, donde trabará amistad con un grupo de artistas (entre ellos, Najwa Nimri).



Es preciso advertir que 10.000 noches en ninguna parte no sigue los estándares del cine comercial, la historia es deliberadamente inconexa y hasta simbólica; correspondiendo al espectador sacar sus propias conclusiones. 

Dicho esto, tengo que decir que me sorprendió gratamente, no solo por el intachable acabado técnico y su lograda dirección de fotografía (no olvidemos los medios limitados con que se rodó), sino por el uso del montaje y los recursos narrativos. Ramón Salazar (que también firma el guión) articula un montaje paralelo entre lo que se supone son tres etapas en la vida del protagonista. Aunque el director confiesa haber empezado a rodar cuando el guión no estaba del todo perfilado, el conjunto resulta sólido y consistente.

En la ficción comercial me suelen molestar ciertos recursos, cuando se usan sin mesura. Por contra, en el filme de Salazar, la cámara en mano y el uso de la profundidad de campo, no resultan en absoluto chocantes o carentes de sentido, sino que le otorgan fuerza y también un cierto tono verosimilista que resulta idóneo para la historia.


Inteligentemente, y aun situando la acción en ciudades tan icónicas como París o Berlín, Salazar retrata con discreción los momumentos y lugares emblemáticos, centrando su atención en crear ambientes etéreos llenos de significado, desligados de un tiempo y lugar concreto. Para ello, opta además por no dar nombre a sus personajes, que no pasan de ser "el joven", "su hermana" o "una chica". A pesar de su estructura libre y final abierto, el director sitúa con acierto distintas claves que nos sugieren el sentido del film, y es que ni siquiera durante su huída hacia adelante, el joven podrá renunciar a lo cotidiano; reubicando las pálidas luces de su oscura realidad, en un entorno donde puedan brillar; transformadas y adecuadas a dicho entorno, pero refrendando y revelando la propia identidad del protagonista.

En el plano actoral Lola Dueñas, Najwa Nimri y el resto del elenco cumplen y están a la altura, pero hay que destacar sobre todo el buen trabajo de Andrés Gertrudix, quien, por decisión del director, trabajó sin apenas indicaciones sobre su personaje; y Susi Sánchez, que demuestra  veteranía y tablas, en un papel que se me antoja el más completo y difícil de la cinta.


Aunque en mi misma fila, una pareja se levantó a mitad de la proyección, en ningún caso el ritmo pausado del filme me pareció un error; aunque sí considero que la película se dilata en exceso hacia el final, dónde algunas escenas me resultaron redundantes y poco reveladoras, otras incurrían sin necesidad en mostrar desnudos integrales, como tantos otros films patrios (apuesto a que nunca veré los genitales a George Clooney o Julia Roberts, pero ya se como son los de Andrés Gertrudix, algo es algo).

10.000 noches en ninguna parte no es, como apuntábamos, un filme sujeto a los estándares. Ni a los del cine comercial, ni a los del cine español (o no a todos, al menos). Tampoco lo pretende ni lo necesita; es una historia intimista de sentimientos y pasiones que se digiere con naturalidad y desde las entrañas, sin resultar por ello pretenciosa o ininteligible.

miércoles, noviembre 13, 2013

El Juego de Ender (Gavin Hood, 2013)

Ya se puede ver en nuestras pantallas El Juego de Ender (Ender's Game, 2013), dirigida por el oscarizado Gavin Hood y con mister Harrison Ford a la cabeza de un reparto que también incluye al veteranísimo Ben Kingsley, y los niños Abigail Breslin (Zombieland) y Asa Butterfield (La invención de Hugo) en el papel de Ender Wiggins. La película llega rodeada de polémica, debido a las ideas homófobas y ultraderechistas de su creador, el escritor Orson Scott Card. Si bien la productora Summit Entertainment ha preferido desmarcarse de tal polémica, Harrison Ford dejó bien claro que aunque ama la novela y el subtexto de la misma, está en completo desacuerdo con los posicionamientos de Scott Card en materia de gays y lesbianas.



El joven Ender Wigging es reclutado por la Milicia Internacional y preparado desde su niñez para liderar el primer ataque contra los Insectores, una raza alienígena que intentó colonizar la Tierra cincuenta años atrás. En su ascenso militar, será tutorizado por el coronel Graff (Ford) quien ve en él la única esperanza contra el enemigo.

Orson Scott Card nos presenta pues un futuro militarizado, en continua amenaza de guerra donde niños y niñas son concebidos con el único propósito de servir al ejército. Desde el inicio, la película parece (repito, parece) adherirse a la corriente triunfalista de otros blockbusters de ciencia ficción bélica. No comulgué con ese discurso y se me hizo un filme algo antipático desde el inicio. Durante casi una hora y cuarto, no hay ningún personaje que alce la voz contra este sistema de reclutamiento cruel y deshumanizado o contra el "ataque preventivo" hacia los aliens. Ni siquiera la dulce hermana del protagonista (una gran interpretación de Abigail Breslin), que viene a representar el vínculo de Ender con su conciencia y sus emociones. Harrison Ford, aun con todo su talento y magnetismo, también nos coloca en una posición incómoda, al representar la autoridad máxima en esta férrea cadena de mando.


Con El juego de Ender, uno tiene la sensación de que todo va demasiado rápido, por culpa de un guión que seguramente (no leí la novela) condensa in extremis las 368 páginas del libro. La ascensión de Ender en la cadena de mando tiene lugar a velocidad de vértigo, y de forma atropellada. No queda claro cuanto tiempo permanece en la academia, pero atendiendo únicamente al ritmo y al montaje, pareciera que no ha transcurrido más de unas semanas.

Tan solo al final, una vez tiene lugar el clímax narrativo y el giro (algo predecible) más importante del guión, es cuando la película se redime y logramos una cierta identificación con Ender y con el subtexto del filme. Pero para los que no hemos leído la novela, este nuevo discurso pacifista llega quizás demasiado tarde.


A nivel visual se cumplen los estándares de la ciencia ficción actual, y aunque llegué a experimentar cierta claustrofobia (casi toda la película trasncurre en la base militar), todo el apartado técnico y artístico merece mi aplauso, en especial la banda sonora, que a veces se aleja de los compases propios del cine de acción para coquetear tímidamente con la space ópera. Harrison Ford está sensacional; sencillamente no hay quien le iguale en credibilidad, espontaneidad y tablas, ni siquiera el veterano Ben Kingsley, quien sin embargo, y al igual que el resto del elenco, realiza una labor más que notable.

Aun con sus defectos (un guión algo atropellado y la ausencia de una identificación primaria sólida), hemos de resaltar El Juego de Ender como un blockbuster digno, entretenido, que aborda temas interesantes e invita a la reflexión.

lunes, noviembre 04, 2013

La Gran Sorpresa (Nathan Juran, 1964)

Adscrita a la moda de los viajes espaciales de los años 50-60 llegaba a las pantallas La Gran Sorpresa (First Men in The Moon), una nueva producción de Morningside Films,  propiedad de Ray Harryhausen y Charles H. Schneer, dirigida nuevamente por Nathan Juran, que ya trabajó con ellos en La Bestia de otro planeta y Simbad y la Princesa.

La película está basada en una obra de H. G. Wells, y narra la historia del profesor Cavor (Lionel Jeffries) y el embaucador Bedford (Edward Judd), una suerte de investigadores reconvertidos en astronautas en el año 1899, gracias a una sustancia basada en el helio denominada Cavorita. Cavor, Bedford y la novia de este (Martha Hyer) aterrizarán en la Luna y conocerán a sus misteriosos habitantes, los selenitas.



Este relato de H.G. Wells ya fue adaptado por Meliès en su famosísimo Viaje a la Luna de 1902 (que puede considerarse una fusión de la obra de Wells con De la Tierra a la Luna de Jules Verne) y en la versión muda First Men in the Moon de Bruce Gordon y J. L. Leigh, una olvidada cinta británica practicamente irrecuperable hoy día.

Aunque el guión tiene algunos aciertos (el prólogo y el epílogo desarrollado en el presente, con la llegada de una expedición lunar liderada por las Naciones Unidas), la credibilidad del filme se ve perjudicada cuando retrocedemos al año 1899. Aunque el look de época está muy conseguido, el tono de la película da un inesperado giro de 180º al optar por un nada adecuado sentido del humor. Aunque Lionel Jeffries y Edward Judd están geniales como científico excéntrico y paleto avispado, algo no encaja en lo que se supone es una cinta de ciencia-ficción.


En plano ideológico, aunque el filme hace gala de un paficifsmo y antimilitarismo bastaste naïf, se pierde la metáfora de la novela de Wells, en la que la estructura social de los selenitas representaba el peligroso imperialismo al que se encaminaba la sociedad de su tiempo.
 
Afortunadamente, La Gran Sorpresa tiene muchísimos atractivos a nivel estético, que podrían compensar la balanza y dotar de cierta entidad al conjunto final. Toda la parte de la expedición lunar en el "presente", antes de flashback, es muy impactante por su realismo, incluso en un tiempo en que el hombre aún no había llegado a la Luna (Amstrong lo lograría 4 años más tarde). Los decorados que representan el interior de nuestro satélite y los travelling mattes lunares están hechos con gusto y dedicación. También el diseño de la cápsula espacial del profesor Cavor tiene un innegable encanto steampunk; y las creaciones de Harryhausen (el diseño de los selenitas, las vacas espaciales - u orugas gigantes -, y algún que otro guiño a Jasón y Simbad) aunque menos espectaculares que en otras producciones, conservan sin embargo ese sello tan inconfundible y gratificante del maestro Ray.


Podríamos concluir en que, de una obra menor de H. G. Wells, resultó una película menor de Morningside Films, que a pesar de la fuerza de algunos planos y el excelente trabajo de Ray Harryhausen, no está a la altura de otros clásicos firmados por el animador, debido principalmente al exagerado tono de comedia y a un final demasiado apresurado.






domingo, noviembre 03, 2013

El Príncipe de las Tinieblas (John Carpenter, 1987)

Había ganas ya de revisar este film, que contrariamente a otros del maestro Carpenter, quedaba ya lejano en mi memoria, con excepción de algunas de sus imágenes más icónicas. No es para menos, pues por más que pasen los años, la fuerza visual de esta película perdura.

Un grupo de científicos son convocados por un sacerdote y un físico de la Universidad para someter a análisis un extraño líquido contenido en un recipiente hallado en los sótanos de una iglesia del extrarradio. Durante siglos, tuvo lugar allí un funesto culto que ahora revela perturbadoras verdades sobre el catolicismo y su intra-historia. Ciencia y religión han de unirse para combatir un mal tan antiguo como la fe cristiana.


Liderando el reparto volvemos a encontrar a Donald Pleasence (qué gusto da verle interpretar un papel a su altura, bien escrito, en lugar de oirle decir las absurdas frases de las secuelas de Halloween) y a Victor Wong (también presente en Golpe en la pequeña China), junto a un reparto coral que incluye al rockero Alice Cooper, y donde brilla por enicma de la media la actriz Anne Marie Howard, capaz de aterrorizaros sin mover un sólo músculo de la cara.

Además de dirigir, el cineasta firma también un guión lo suficientemente interesante como para no abandonar en ningún momento la iglesia, sin que ello revierta en el interés. El filme es una ingeniosa ficción sobre las raíces del catolicismo y una interesante aproximación a las figuras de Dios y Satanás. Su texto cuida los detalles, es generoso en argumentaciones, y sabe dónde y cuándo desvelar los misterios en torno al misterioso recipiente.



Encontramos aquí a un Carpenter más fiel a su propio estilo que nunca; clasicista y formulático. La puesta en escena es carpenteriana hasta el más mínimo detalle. Unos decorados bellamente atrezzados hasta lograr texturas realmente perturbadoras (la capilla ubicada en el sótano, y el pasillo central de la iglesia son un trabajo digno de aplauso), gracias también a una elegante iluminación de tonos cálidos, rica en contrastes en la línea de los horror films clásicos.

Si a todo esto añadimos la música compuesta también por el director, y un maquillaje de efectos digno de nuestras peores pesadillas, pareciera que tenemos el clímax asegurado. Sin embargo, justo en los últimos minutos, uno tiene la sensación el filme empieza a dilatarse en exceso, para acabar abruptamente y sin demasiadas ceremonias, dejando, eso sí, una puerta abierta a la libre interpretación.


Pero que nadie se engañe, en El príncipe de las Tinieblas se imponen las virtudes sobre esa pérdida de fuelle final, y es en cualquier caso una de las películas más representativas y disfrutables de John Carpenter, gracias principalmente a la sugestiva atmósfera que el director neoyorquino sabe lograr.

miércoles, octubre 30, 2013

After Earth (M. Night Shyamalan, 2013)

Hubo un tiempo en que el nombre de M. Night Shyamalan era sinónimo de originalidad e inventiva, en que su cine suponía un soplo de aire fresco y reinventaba hasta cierto punto géneros como el suspense y el terror. Su pulso narrativo creaba atmósferas tremendamente sugestivas, y su imaginación era capaz de concebir sorprendentes giros de guión, sólidos y coherentes con el resto de la historia. Tocó el cielo con El Sexto Sentido (1999), repetiría éxitos con El Protegido (2000) y mantuvo el nivel con Señales (2002) y El Bosque (2004).

Algunos empezaban ya a no entender su lenguaje o sus estrategias de márketing. El cineasta prometía una de marcianos, o una de terror, pero se empeñaba en no ponerle cara al peligro y centrarse en los actores y sus emociones. El primer batacazo claro fue La Jóven del Agua (2006), que no convenció ni a crítica ni a público, y desde entonces, Shyamalan parece no encontrar su sitio, su sello, ni una motivación clara.



After Earth es tristemente, la continuidad de esta espiral en la que ha entrado el director hindú. La idea original fue de Will Smith, quien parece más motivado en dar protagonismo a su hijo Jaden que en crear una historia sólida. En este aspecto, el filme me recuerda a las películas de Parchís, de Elvis Presley o a Moonwalker, aquel relato ególatra escrito por el propio Michael Jackson; una historia simplona, ingenua, caricaturesca y tremendamente inverosimil en la que el cantante aparecía como un mesías redentor. El borrador de After Earth se escribió también con un propósito merdianamente claro y a la vez tremendamente inútil: afianzar la carrera en ciernes del hijo de Will Smith, desatendiendo todo lo demás y simplificándolo hasta el punto de resultar una burla para ciencia ficción seria. Para ello se traza un personaje bastante naïf, fofo y sin mucha chicha, que aun así, no habría resultado tan patético de no ser por la interpretación de Jaden.


 La inexperiencia del joven actor parece haber contagiado a todo el equipo. Aunque el guión ya lo firma el director hindú, toda su inventiva parece supeditada a las motivaciones de los Smith. Sin subtramas que la apoyen, la historia se hace pesada y carece de fuerza. También la dirección de Shyamalan está a años luz de lo conseguido en El Sexto Sentido o El Protegido. Todo queda reducido a una carrera contrarreloj para lograr la salvarse, con estructura de videojuego y salpicada de momentos intimistas escritos y rodados bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Un breve destello del sello personal de Shamalan puede apreciarse hacia el final, cuando tiene lugar un montaje en paralelo parecido a los que marcaban la catársis de Bruce Willis en aquellas películas, pero que aquí resultan un mero artificio técnico sin el más mínimo interés.


El propio Will Smith, que con los años se ha convertido en un actor sólido y respetable, dejando muy atrás su imagen de bufón televisivo, ofrece aquí una interpretación torpe, hierática y lineal que parece también supeditada al lucimiento de su pequeño vástago.

Poco se puede salvar de una película que, si bien tenía una premisa interesante (un mensaje ecologista que podría haberse desarrollado más) parece hecha con prisas, sin ganas y de forma mecánica. Como un álbum de fotos de esos que hacen los chicos de Apple, After Earth dota de un envoltorio deslumbrante lo que no pasa de ser un vídeo familiar, donde el argumento poco importa con tal de que tus hijos salgan guapos.

miércoles, octubre 23, 2013

Simbad y la princesa (Nathan Juran, 1958)

Seguimos con el ciclo sobre Ray Harryhaysen. En esta ocasión, tras realizar 20 Million Miles to Earth (Nathan Juran, 1957), la productora Morningside Films (propiedad de Ray y su socio Charles S. Schneer) acometería su segundo film, que llegó en 1958 y se metería de lleno en el universo de Las Mil y Una Noches. Así nació The 7º Voyage of Simbad (también dirigida por Juran), o Simbad y la princesa, como la llamaron los distribuidores españoles.



Aunque, en principio, ser dueño de su propia compañía confería a Harryhausen mayor autonomía, las reescrituras del guión fueron constantes debido a las reticencias de Columbia Pictures, que coproducía y distribuía el film. Finalmente el guionista Ken Kolb consiguió la aprobación de una historia que aun llamándose El séptimo viaje de Simbad, es en realidad una mezcla de los viajes segundo, tercero y quinto. Simbad navega hacia a la isla Colossa, donde debe hacerse con un pedazo de cáscara de huevo de ave de roc, para la preparación de una pócima que restablecerá a su estatura normal a su prometida, la princesa Parisa. La princesa ha sido hechizada por un malvado mago llamado Sokurah, quien bajo engaños les conduce de nuevo a Colossa para, al mismo tiempo, recuperar su lámpara maravillosa, que le fue arrebatada por los temidos cíclopes.

Ray Harryhausen hará uso del stop-motion para mostrarnos dichos cíclopes, un ave roc (pájaro de dos cabezas que proviene de la mitología persa) y su cría, así como una mujer serpiente, un dragón, y el mítico esqueleto con el que lucha Simbad hacia el final de la película. Todas estas creaciones son sin duda meritorias, no solo por su diseño, sino también por la perfección alcanzada por Ray en esta etapa de su carrera, y por tratarse de la primera película en color en usar stop motion, con la dificultad añadida de los saltos de colorimetría entre los distintos fotogramas, que habrían de ser corregidos en postproducción.



A pesar de estar considerada una de las mejores películas de Ray Harryhausen, he de decir que el guión me resultó simplista en exceso y que ni su espíritu aventurero ni la dirección de Nathan Juran lograron atraparme al cien por cien. Algunos momentos se me hicieron excesivamente pesados y faltos de unidad (cuando el cíclope se dispone a asar a Harufa, mientras el resto de los marineros están, o bien encarcelados con Simbad, o bien emborrachándose con el agua "intoxicada" del manantial). La historia está claramente supeditada a la aparición de las creaciones de Ray y este mecanicismo, así como las continuas reescrituras, resultan en ocasiones demasiado evidentes y repercuten en el ritmo de filme. A esto añadiría un Kerwin Mattews nada carismático en su rol de Simbad y unos diálogos sin mucha chicha.


Bien es cierto que, para compensar, tenemos una espléndida fotografía obra de Wilkie Cooper y bellos exteriores rodados en Mallorca (la isla de Colossa), la Alhambra (todo lo relativo a Bagdad), y Barcelona (para el barco de Simbad se usó la réplica de la Santa María, anclada al puerto). Como ya he dicho, las creaciones de Harryhausen son aquí más espectaculares que nunca, siendo muy disfrutables la exótica mujer serpiente, y el esqueleto que lucha con Simbad al final de la película (precursor del ejército de Jasón y los Argonautas e inspirador para Sam Raimi en su Ejército de las Tinieblas). El resto de trucajes también son de primer nivel, como el depurado procedimiento óptico para empequeñecer a la princesa y los utensilios gigantes que se construyeron para simular su corta estatura.

Una vez más, gozamos de la música del mismísimo Bernard Hermann. El maestro ofrece una partitura notabilísima, en la que introduce toques orientales que dan seriedad, verosimilitud y consistencia a la película.

Sentimientos encontrados, pues, con una de las películas mejor consideradas del maestro Ray. Pese a sus puntos oscuros, y sin llegar a ser la obra maestra que muchos proclaman, es sin duda de visionado obligado y entretenida principalmente a causa de los méritos del departamento técnico.

martes, octubre 22, 2013

Meliès, La Magia del Cine, una cita ineludible con los orígenes del cine en Madrid

Estos días y hasta el 4 de diciembre se respira cine en CaixaForum. Quien aun no haya acudido a la exposición Georges Meliés, La Magia del Cine que se ofrece en el recinto, ya está tardando. Resulta por momentos increíble que aun se conserve tanto y en tan buen estado de  aquella época primigenia en que el cine poseía aun la capacidad de fascinar hasta el punto de asociarse con la  magia (el título de la exposición no es pues ni un topicazo, ni gratuíto), o al menos con aquel ilusionismo de los grandes teatros, las ferias y el vodevil, donde el cinematógrafo no era sino un truco más con el que asombrar al público.


A través de los objetos más representativos de los orígenes del cine y sus primeros años, seremos testigos de la vida y obra de George Meliés, un auténtico renacentista de principios del siglo XX, dibujante, mago, director de teatro, actor y decorador, técnico y también productor, realizador y distribuidor de más de 500 películas entre 1896 y 1912. Meliès fue también el primero en incluir una cierta narratividad en sus filmaciones, además de impulsar y desarrollar los efectos visuales a través de sus trucajes, sobreimpresiones, falseos de escala y desapariciones. Desde luego, los fans del cine fantástico le debemos mucho a este genio.


El material reunido para la ocasión resulta tan interesante como abundante. Gracias a la colaboración de la Cinématèque Française, el visitante experimentará mediante originales y réplicas - estas últimas pueden manipularse libremente - la sugestión de las sombras chinescas; el impacto de aquellas tempranas imágenes 3D; conocerá el funcionamiento del praxinoscopio, el zoótropo o la linterna mágica, que tanto fascinaba al homenajeado; contemplará filmaciones de Meliès en vivo, y podrá examinar documentos históricos tales como fotografías, storyboards, cartas y dibujos conceptuales de su puño y letra.

 

En Meliès, La Magia del Cine uno tiene la sensación de entrar en una cápsula del tiempo, de haber profanado un viejo almacén o gruta de los tesoros, donde nos reconocemos a nosotros mismos en las caras sonrientes, de enfado o asombro del cineasta y sus actores. Hacemos a un lado la lacra del cinismo y la posmodernidad abrazando la mirada limpia y optimista de Meliès, al tiempo que descubrimos el delicioso morbo de las crueles y picantes imágenes de la linterna mágica, en una época que creíamos moralmente intachable.

Por si fuera poco la exposición cuesta la ridícula cantidad de 4 euros, así que... ¿Quién puede resistirse a Georges Meliès, La Magia del Cine?


Más fotos en www.facebook.com/copiazerocine ¡No te las pierdas!

lunes, octubre 21, 2013

Posesión Infernal (Fede Álvarez, 2013)

Es difícil enfrentarse al análisis de la nueva Posesión Infernal. Es muy posible que provoque sentimientos encontrados, entre lo que es, lo que pudo ser y lo que deseábamos que fuera. Avalada por Sam Raimi, Bruce Campbell y Robert Tapert, productores del film original, y dirigida por un nóvel como el uruguayo Fede Álvarez, las expectativas estaban al límite entre la decepción total y el éxito asegurado.

No esperábamos en ningún caso un remake plano a plano de Evil Dead (Sam Raimi, 1979), ni tampoco la subversión de los códigos de Cabin in the woods, que es inmediantamente anterior a esta y que toma no pocas influencias de los filmes originales de Raimi. Personalmente, yo esperaba un slasher moderno y vigoroso, que no renunciara al espíritu clásico de las viejas películas. Increíble, pero es precisamente eso lo que me he encontrado. 



Fede Álvarez ha hecho lo mejor que podía hacer: aunque se apoya puntualmente en elementos iconográficos que son una referencia directa al imaginario colectivo de Evil Dead (el libro, el sótano, etc.), también articula una historia original y hasta cierto punto rompedora, donde la nueva pandilla, ni viene a la cabaña a divertirse y a hacer el amor, ni comete las estupideces propias de este tipo de películas
, sino que tienen motivaciones completamente distintas a aquellos jóvenes liderados por Bruce Campbell en el 79. Ni siquiera se trata de un nuevo Ash, pues en este caso el líder de la pandilla se llama David. Todas estas decisiones las considero muy acertadas.

Esta mayor dimensión de la historia no es óbice para que el director abrace los excesos, la sangre, la violencia y el gore más malsano (A ver... ¿es o no es Evil Dead?), y bien es cierto que el tono reflexivo y emocional del primer acto no se prolonga demasiado, dando paso a los auténticos horrores que el título promete. Si bien David (Shiloh Fernández) y su hermana Mia (Jane Levy) protagonizan varias escenas intimistas que sientan las bases de su relación, el resto de los personajes serán consumidos por el ente maligno sin darnos oportunidad a conocerles demasiado; vamos, que tampoco hacía falta. En su mayoría, el reparto cumple, pero Jane Levy brilla con luz propia por encima de todos ellos.




Muchos de los "momentazos" del Evil Dead clásico han sido reubicados en la trama y levemente modificados; reconozco que ha sido toda una gozada ver la reinterpretación "adulta" de la violación en el bosque o la aparición de la motosierra. Situaciones hasta cierto punto cómicas en aquel lejano 1979 (principalmente por lo delirante de la propuesta y por la escasez de medios técnicos) que aquí se tornan mortalmente serias y coherentes (dentro del delirio que es el film). Tambien hay tiempo para nuevas perversiones no presentes en el original, como la ducha de agua hirviendo, la cara troceada, la lluvia de sangre o la deliciosamente asquerosa escena del cúter. En el apartado técnico, la sombra de Raimi está presente durante casi la todalidad del filme, en forma de recursos de montaje y movimientos de cámara claramente deudores del cineasta.

De forma puntual, el guión ofrece respiros a lo largo del horror (a destacar la labor del compositor español Roque Baños en estos momentos calmados), y aunque al final del segundo acto la historia pierde algo de credibilidad (por ciertas decisiones de David y por la inverosímil posibilidad de traer a los poseídos de vuelta), pronto perdonamos estos deux ex machina, al contemplar el bello y sangriento climax visual donde de nuevo hay que elogiar la labor de Roque Baños y su score, con ciertas influencias del que compusiera Jerry Goldsmith para La Profecía.


Dentro del exceso que domina los casi 90 minutos de metraje, ninguna de estas escenas me resultó fuera de lugar o gratuita. Desde luego hay que saber a lo que se va; como el filme original, este es un slasher en toda regla, con un ritmo frenético aunque bien estructurado, y a pesar de su estilización formal (aquí ya no podemos hablar de serie B o bajos presupestos) no es apto para estómagos sensibles. Ya podrán llamarnos locos y perturbados, que para los que "entendemos", esta nueva Posesión Infernal es una agradable vuelta a los orígenes, que innova en ciertos aspectos, manteniéndose fiel a lo esencial.

domingo, octubre 20, 2013

Scott Pilgrim contra el mundo (2010)

Me llamó la atención el trailer esta película en su momento, pero hasta ahora no había tenido ocasión de verla. La novela gráfica creada por el canadiense Brian Lee O'Maley necesitaba un director a la altura, que "entendiera de cómics" y trasladara la historia de Scott Pilgrim y Ramona Flowers con eficacia a la pantalla. El elegido sería Edgar Wright, un especialista en adaptar y subvertir el lenguaje de la cultura pop, aderezándolo con un fino humor inglés y un estilo visual deslumbrante. Bajo el manto protector de Universal no parecía que la cosa fuera a quedarse a medio gas.
 
 
 
En efecto, 60 millones de dólares dan de sobra para recrear la orgía visual multirreferencial que es Scott Pillgrim contra el mundo, una comedia romántica cuya delirante trama - para ganar el corazón de una chica, el protagonista debe derrotar a sus 7 ex novios - hemos de aceptar a la fuerza y sin concesiones, pues se nos ofrece recargada hasta el exceso de guiños a los videojuegos, al lenguaje televisivo y al del cómic, que es al fin y al cabo, la materia prima del film. También hay algo del montaje estilizado y causal (que no casual) de Guy Ritchie, que aunque gastado, parece seguir funcionando y vehicula en esta película algunos de los mejores gags.

 
Así pues, el film está fuertemente apoyado en el humor y en unos efectos especiales cuya presencia manifiesta, es uno de los principales motores del film. A pesar de desarrollarse en un ambiente realista y urbano, el alocado universo de Scott Pilgrim prescinde de las reglas de la naturaleza o los principios morales. Faltos de una base verosímil que nos haga temer por los personajes, el principal interés de la cinta estriba en anticipar quién será el próximo ex-novio que combatirá con Scott; en qué escenario, y con qué nuevos FX se desarrollará la pelea.
 
 
 
Con todo, aunque no haya un peligro real ni una situación de conflicto emocional lo suficientemente fuerte (todo el drama está tamizado de un halo de irrealidad y buenrollismo que hace imposible que nos impliquemos), la intachable estructura del guión ofrece momentos intimistas y diálogos ingeniosos que compensan las escenas de acción y sacan lo mejor de los actores, en especial de Michael Cera, que resulta brillante en su encarnación de ese arquetipo tan agradecido como poco realista que es el perdedor carismático.

Al final la película funciona, tanto la parte dramática suavizada y digerible a lo sit-com semanal, como las peleas adornadas por gracia y obra del teclado y la paleta gráfica, logrando un todo consistente, pulcro y divertido. Scott Pilgrim contra el mundo es, en definitiva, una fábula adolescente ligera que supone la sublimación de lo nerd hasta convertirlo en cool, consiguiendo agradar tanto a otakus, gamers y modernos como a profanos y cinéfilos.

sábado, octubre 19, 2013

El mundo perdido (1925)

En los felices años veinte, mientras la industria del cine mudo promocionaba sobre todo a los grandes galanes románticos como Fairbanks o Valentino, u optaba por el slapstick cómico de Laurel y Hardy, pronto destacaría un verdadero artista del renacimiento llamado Willis H. O'Brien, pionero del stop-motion y maestro del aclamado Ray Harryhausen. Willis tuvo la genial idea de realizar una adaptación de la obra de Sir Arthur Conan Doyle, El mundo perdido, que narraba la aventura de un grupo de científicos afanados en demostrar que en los confines perdidos del Amazonas, aun quedan vestigios de animales prehistóricos.


La película, que dirigiría Harry O. Hyot bajo el auspicio de First National Pictures, tenía al cargo de los efectos especiales al propio O'Brien y al jovencísimo Marcel Delgado (que serían reclutados posteriormente para dar vida a King Kong) y con grandes estrellas de la época entre las que es necesario destacar a Bessie Love y Wallace Berry (quien, según Carlos Díaz Maroto en su libro sobre Ray Harryhausen, ofrece una cacterización exacta a la descrita por Arthur Conan Doyle en la novela). El propio Conan Doyle aparecía al principio del film introduciendo la historia.

Estamos sin duda ante una película importantísima, clave para entender la historia del cine fantástico y los efectos visuales. Aunque vistos hoy día los dinosaurios de O'Brien (con esqueleto de madera, rellenos de espuma y con piel de látex) puedan resultar toscos y de movimiento limitado, su herencia queda más que patente en filmes que van desde King Kong al Parque Jurásico de Steven Spielberg. El mundo perdido tiene, aunque nos pese señalarlo, algunos errores de continuidad y planificación; durante las escenas que transcurren en el Amazonas, es difícil situarse espacialmente y el eje de las miradas no está bien trazado.


 La versión que he podido ver es la íntegra, de 90 minutos. No es dificil suponer por qué durante mucho tiempo, tan sólo se distribuyó comercialmente una versión reducida de 60 minutos, y es que el prólogo del filme resulta excesivamente dilatado, así como algunos fragmentos que tienen lugar en la jungla, dejando unos escasos 10 minutos para lo que habría de ser el clímax: el brontosaurio huído causando el terror a los ciudadanos de Londres.

Quiero creer que todos estos aspectos negativos son solo síntomas de una industria aun jóven, que en una fase aun intermedia de su desarrollo, todavía no ha encontrado los códigos necesarios para expresarse con soltura. En otras palabras,  estos errores son perdonables y además están presentes en casi todo el cine de la época, pero quizá sean más ostensibles en el género fantástico.


Sin embargo El mundo perdido cuenta con atractivos, empezando por su jóven protagonista Bessie Love, que además de realizar una interpretación convincente (dentro de los registros habituales del cine mudo), rebosa encanto, candidez, carisma e inocencia. También hay que destacar las escenas de lucha entre el alosaurio y los triceratops o la del brontosaurio suelto en Londres, precedente del mencionado King Kong, de Godzilla y todo el kaiju japonés, y cuyas escenas han sido copiadas innumerables veces a lo largo de la historia.

En definitiva, aun habiendo perdido algo de lustre con el paso de los años, en pleno siglo XIX todavía es posible admirarse; respetar esta obra y a su máximo artífice Willis O'Brien, por su innegable contribución al género fantástico y al cine en general.

viernes, octubre 18, 2013

La isla misteriosa (1961)

Estoy en mitad de un ciclo dedicado al mago del stop-motion, Ray Harryhausen, fallecido hace escasamente un año, cuyos avances en la filmación fotograma a fotograma supondrían todo un impulso a la industria de los efectos visuales desde los años cincuenta hasta principios de los ochenta. Tiempo durante el cual nos proveyó de jugosos títulos de género fantástico, mejores o peores, pero todos con el innegable encanto de la técnica que constituye su seña de identidad. 

Dos años antes de la icónica Jasón y los Argonautas y debido al éxito obtenido por Disney con Los Robinsones de los mares del sur; el consolidado equipo formado por el productor Charles H. Scheneer y el animador Ray Harryhausen convencieron a Columbia Pictures para adaptar el clásico de Jules Verne La isla misteriosa, que dirigiría Cy Endfield y se rodaría en la Costa Brava. El film cuenta la historia de unos combatientes de la Guerra de Secesión que, en su huída en globo, van a parar a una isla en apariencia deshabitada, donde tratarán de sobrevivir a fenómenos naturales que escapan a todo razonamiento científico.


De todas las películas de Harryhausen que llevo vistas, esta es la que más he disfrutado. Sin renunciar a la espectacularidad de los efectos especiales, la película ofrece una historia sólida y unos personajes bien definidos y carismáticos. Las licencias argumentales respecto a la novela de Jules Verne (tramas amorosas, y la vocación científica del capitán Nemo que propicia la aparición de los animales gigantes creados por Harryhausen), están integradas en la historia de manera natural y creíble.

  
El ritmo es el adecuado y la escenografía muy variada, imaginativa y de un colorido espectacular, con lo que el film no aburre ni siquiera visto en la actualidad. Cierto es que algunos efectos especiales han resistido regular el paso del tiempo, pero no hablo en este caso de las creaciones del animador (un cangrejo, abejas, un extraño ave y un pulpo gigantes), que siguen siendo maravillosas, sino de acusados bordes negros en las escenas que requieren integración óptica de elementos.


La película tiene no obstante un gran empaque visual y se aleja de otras producciones del maestro más tendentes hacia la serie B, cuando no a ser un mero vehículo para el lucimiento de las criaturas de stop-motion. Aquí son únicamente el condimento perfecto a una historia de aventuras agradable y bien contada. Mención especial merecen el director de fotografía Wikie Cooper por lograr una textura sólida, el decorador Francisco Prósper por su correctísima recreación del interior del Nautilus, y sobre todo, el grandísimo compositor Bernard Herrman, que con su score consigue elevar el trabajo de todos sus compañeros a una quinta dimensión. Para disfrutarla.

domingo, octubre 13, 2013

Cabin in the Woods (2012)

A menudo se habla de que tal o cual película, ha supuesto la reinvención del cine o de un género en concreto, y es bien cierto que muchas veces, esta supuesta reinvención resulta idónea para promocionar una determinada película. Exceptuando honrosas excepciones (La humanización de los gánsters de Tarantino, el western crepuscular de Clint Eastwood, la visión romántica de la mafia italiana de Coppola, o la revisión de la aventura folletinesca de George Lucas), a menudo estas supuestas reinvenciones no son más que un compendio de técnicas y prácticas cinematográficas ya explotadas que no pasa del mero homenaje, pero llevadas a su extremo, y de forma a veces más deslumbrante que brillante. De repente, y tras quedar maravillados con Kill Bill o Django de Tarantino, Buried de Rodrigo Cortés, o Gravity de Alfonso Cuarón (grandes películas a las que no discuto sus logros), pareciera que nunca existió el cine japonés, Hitchcock y su plano secuencia o el spagetti western de Leone.



No al mismo nivel, pero decididamente en el mismo juego de la reinvención, se mueve el slasher The cabin in the woods de Drew Goddar, con guión de Josh Whedon (escritor y director eficiente, que siempre ha aportado calidad a la industria, aun jugando en la liga de los blockbusters). La película empieza con una pandilla de adolescentes que van a pasar un fin de semana en una cabaña perdida en el bosque (familiar ¿verdad?). Poco sospechan que su llegada al refugio no es casual y que están siendo guiados por una gigantesca corporación que los tiene a su merced, permanentemente vigilados con micrófonos, cámaras de seguridad y gases tóxicos. Paralela a la historia de terror, se desarrolla pues una trama que revela la impostura de todos los códigos narrativos y de todas las situaciones clásicas en las que los protagonistas se verán envueltos.

Así pues, no solo se trata de referencias, sino de un auténtico meta-discurso intertextual que nos hace cómplices, poniendo a prueba nuestra memoria visual y herecia cultural, fusionando con ingenio el slasher más canalla de Sam Raimi con los textos más solemenes de Howard Philips Lovecraft. La baza principal con que juega la película, y que cobrará sentido hacia el final, es reafirmar todos esos estereotipos y ofrecernos una posible explicación y origen de los mismos.

Whedon asume su posición de narrador omisciente, ofreciéndonos no sólo el punto de vista de los protagonistas, sino mostrando desde el principio los entresijos de la farsa en la que están envueltos. Aunque sabemos más que ellos, el guión se guarda una sorpresa final que culmina primero en un clímax sangriento tan excesivo como original, y después en una fascinante revelación.

En el aspecto visual tenemos buenos efectos especiales, una fotografía correcta y sobre todo una deliciosa recreación de un buen número de perversiones que van desde los mitos clásicos y primarios (hombres lobo, zombis, los cenobitas de Hellriser, fantasmas y serpientes gigantes) hasta imágenes y conceptos de gran originalidad, especialmente ideados para la película.

Ninguno de los actores brilla con luz propia, pero todos cumplen con su cometido. Tenemos al hipermusculado Chris Hemsworth (el superhéroe Thor, el padre de James Kirk en Star Trek 2009 y novio de Elsa Pataki) y el cameo de una super-estrella clásica de Hollywood que vehicula la revelación final y sirve también para reactivar el interés en un momento en que podría decaer.



¿Reinventa Whedon el cine de terror? Sí y no. Varias veces cae en el mismo absurdo de las películas a las que alude (decidir de motu proprio que lo mejor es separarse no es más absurdo que decirdirlo a causa de un gas nocivo), pero también propone un enfoque totalmente nuevo que no recuerdo haber visto anteriormente.

The cabin in the woods ha de tomarse como un regalo a los fans más eruditos y conocedores; es una absoluta declaración de amor al género desde un profundo conocimiento del mismo, y también un delicioso caramelo de varias capas de sabor, en cuyo nucleo se encuentra la más perversa, sanguinolenta y pegajosa abominación. Después de dos años inédita en España, parece que Canal + va a promover un moderado y limitado reestreno en salas comerciales. Es la ocasión perfecta para pasar algo de miedo.