lunes, noviembre 04, 2013

La Gran Sorpresa (Nathan Juran, 1964)

Adscrita a la moda de los viajes espaciales de los años 50-60 llegaba a las pantallas La Gran Sorpresa (First Men in The Moon), una nueva producción de Morningside Films,  propiedad de Ray Harryhausen y Charles H. Schneer, dirigida nuevamente por Nathan Juran, que ya trabajó con ellos en La Bestia de otro planeta y Simbad y la Princesa.

La película está basada en una obra de H. G. Wells, y narra la historia del profesor Cavor (Lionel Jeffries) y el embaucador Bedford (Edward Judd), una suerte de investigadores reconvertidos en astronautas en el año 1899, gracias a una sustancia basada en el helio denominada Cavorita. Cavor, Bedford y la novia de este (Martha Hyer) aterrizarán en la Luna y conocerán a sus misteriosos habitantes, los selenitas.



Este relato de H.G. Wells ya fue adaptado por Meliès en su famosísimo Viaje a la Luna de 1902 (que puede considerarse una fusión de la obra de Wells con De la Tierra a la Luna de Jules Verne) y en la versión muda First Men in the Moon de Bruce Gordon y J. L. Leigh, una olvidada cinta británica practicamente irrecuperable hoy día.

Aunque el guión tiene algunos aciertos (el prólogo y el epílogo desarrollado en el presente, con la llegada de una expedición lunar liderada por las Naciones Unidas), la credibilidad del filme se ve perjudicada cuando retrocedemos al año 1899. Aunque el look de época está muy conseguido, el tono de la película da un inesperado giro de 180º al optar por un nada adecuado sentido del humor. Aunque Lionel Jeffries y Edward Judd están geniales como científico excéntrico y paleto avispado, algo no encaja en lo que se supone es una cinta de ciencia-ficción.


En plano ideológico, aunque el filme hace gala de un paficifsmo y antimilitarismo bastaste naïf, se pierde la metáfora de la novela de Wells, en la que la estructura social de los selenitas representaba el peligroso imperialismo al que se encaminaba la sociedad de su tiempo.
 
Afortunadamente, La Gran Sorpresa tiene muchísimos atractivos a nivel estético, que podrían compensar la balanza y dotar de cierta entidad al conjunto final. Toda la parte de la expedición lunar en el "presente", antes de flashback, es muy impactante por su realismo, incluso en un tiempo en que el hombre aún no había llegado a la Luna (Amstrong lo lograría 4 años más tarde). Los decorados que representan el interior de nuestro satélite y los travelling mattes lunares están hechos con gusto y dedicación. También el diseño de la cápsula espacial del profesor Cavor tiene un innegable encanto steampunk; y las creaciones de Harryhausen (el diseño de los selenitas, las vacas espaciales - u orugas gigantes -, y algún que otro guiño a Jasón y Simbad) aunque menos espectaculares que en otras producciones, conservan sin embargo ese sello tan inconfundible y gratificante del maestro Ray.


Podríamos concluir en que, de una obra menor de H. G. Wells, resultó una película menor de Morningside Films, que a pesar de la fuerza de algunos planos y el excelente trabajo de Ray Harryhausen, no está a la altura de otros clásicos firmados por el animador, debido principalmente al exagerado tono de comedia y a un final demasiado apresurado.






No hay comentarios: