Fui al cine a ver El Llanero Solitario
muy intrigado por la respuesta negativa
del sector más conservador de la crítica estadounidense, y es
que la Historia Fundacional de los EE.UU. no deja de ser una época oscuroa
sobre la que no se permiten demasiadas frivolidades. La película sustenta una trama de ficción sobre la historia real de la colonización y aun disfrazada de comedia y cinta de acción, juzga duramente a sus artífices.
Parece que últimamente, reivindicar el western está de moda. Ya sea en forma de remake
revisionista crepuscular, como en Valor de Ley (dónde Jeff Bridges se
medía con el mismísimo John Wayne), tributo metalingüistico a
golpe de hip-hop, como en Django Desencadenado, o una simple comedia de aventuras con tintes dramáticos, como en el
caso que nos ocupa.
Reconozco a los detractores que la
película está inflada en todos los sentidos, tanto en su duración,
como en su épica o su empaque visual. Sobra bastante metraje, casi todo en el tramo medio, donde las
idas y venidas de los héroes a través del desierto se suceden sin
que haya ninguna progresión real en la trama, que por otro lado es bastante simple (el
giro final se huele a kilómetros de distancia).
En este aspecto, la parte del burdel
me parece bastante prescindible, y no solo por tener que soportar una
vez más a Helena Bonham Carter convertida la musa de un emo entrado
en años (pareciera que su marido Tim Burton la haya desmembrado y
cosido de nuevo, haciéndola volver de entre los muertos como una
muñeca condenada a repetir lo mismo una y otra vez), sino también
por cuestiones estructurales y de narratividad.
El Llanero Solitario quiere reivindicar la vieja gloria del western clásico, no sólo usando los mismos héroes arquetípicos; situándolos en
localizaciones reales de Utah o Arizona, o dotando a los planos de
aquel tono ocre brillante, sino también recurriendo al homenaje (o
plagio) directo de títulos legendarios, en especial de la obra cumbre
de Sergio Leone, Hasta que llegó su hora, en dos escenas muy
concretas. Agradecí esta épica al
principio, pero hacia el final me resultó ya demasiado machacona, cuando la sombra
de Leone empezó a ser demasiado obvia en el aspecto visual y
plástico.
Aunque no soy amigo de los excesos, debo decir que
lo más logrado de la cinta son los momentos de acción. Que no se me malinterprete; el atractivo de estas escenas radica en un montaje ágil, y en un bien entendido
sentido del espectáculo y de la aventura, no en la destrucción masiva ni en el exhibicionismo técnico presente en los últimos blockbusters.
También merece una valoración
positiva el elenco protagonista. Armie Hammer logra encarnar con gracia a ese héroe
simpático de moral patética y trasnochada. A Johnny Deep y la Carter, pude digerirlos con más facilidad que en sus últimos trabajos y los secundarios están correctos y cumplen su función. También hace un buen trabajo el
compositor Hans Zimmer, junto al no acreditado Jack White, que abandonó su trabajo en mitad de la producción. Ambos logran transmitir con su música el tono adecuado para esta película.
El Llanero Solitario es, en definitiva,
un divertimento a la altura de las espectativas; y más tratándose de
Disney y Bruckheimer. Quizá un poco dilatada en su tramo intermedio,
pero igualmente disfrutable, técnicamente intachable y con un toque
antiamericanista que siempre se agradece.


