jueves, diciembre 15, 2011

Agfa Family Values

Parte I: Valor añadido

Los 8 mm llegaron a mi vida a mediados de los 90, cuando mi padre me regaló el Agfa Family; algo así como un “equipo completo” de Super 8, fabricado en 1981, que incluía un tomavistas con muy pocas prestaciones, y un aparato para visualizar películas a medio camino entre un proyector y una moviola. El equipo era de segunda mano; de un amigo de mi padre, pero estaba prácticamente nuevo,


Antes ya había tenido un CinExín, y también había estado en casa de mi amigo Esteban disfrutando de su maravilloso proyector sonoro y sus películas Disney. Pero nunca había tenido en mis manos la posibilidad de filmar en celuloide.


El Agfa Family, por el nombre y por la foto de que adornaba la caja - una familia feliz congregada alrededor del aparato - ya se adivinaba que no era un equipo profesional. El tomavistas tenía un objetivo fijo de 10 mm sin anillo de enfoque, todo en automático. El proyector realmente no proyectaba, sino que mostraba la película en una pequeña pantalla.

Pero a mi tierna edad, poco me importaba. Yo estaba muy feliz con mi regalo. Mis padres conservaban desde hacía mucho unas viejas películas familiares (donde salía un servidor con apenas 3 años y el rostro salpicado de varicela). Me encantaba verlas una y otra vez, detener la imagen, pasarla cuadro a cuadro, etc. Incluso llegué a telecinarlas de forma muy tosca, apuntando directamente hacia la pequeña pantalla del Agfa Family con nuestra videocámara, una Sanyo que grababa en cintas de Video 8 (formato magnético de 8 mm y 400 lineas de resolución horizontal). Los resultados, como se puede adivinar, fueron bastante pobres.


¡También incluía un cartucho para el tomavistas! En cuanto mi padre me hubo explicado como funcionaba la cosa, me lancé a la calle a filmar, siempre buscando eso que llaman "el valor añadido".

Aquí es donde el relato se vuelve dramático. Si bien fui advertido de que un cartucho apenas duraba 3 minutos, la luz roja que indicaba el fin del mismo, se encendió mucho antes. Pero el motor giraba y el indicador lateral mostraba claramente que aun quedaba algo de película, así que decidí que la luz roja estaba equivocada. Saqué la cámara a la calle durante varios días y el indicador lateral jamás llegó al final.


Pasado algún tiempo, supuse que seguramente ya habría completado los tres minutos, así que mi padre mandó el cartucho a revelar a un establecimiento en Aranjuez. La dirección ya venía apuntada a mano en un sobre incluído en la caja, y pese a mis dudas (ya no eran tiempos de Super 8, y aquel texto parecía haberse escrito hacía siglos), la película regresó sana y salva, en una bobina de 15 m. revelada a todo color.

Parte II: ¡Me lo arrebataron de las manos!

Habría que ponerla ¿No? Toda la familia se congregó – como en la foto – alrededor del Agfa Family para observar mis pinitos como filmaker.

La tragedia se desató cuando vimos que lo revelado no coincidía en modo alguno con lo que yo filmé ¡La imagen mostraba a un grupo de chavales disfrutando de un día de picnic! Posiblemente era la Sierra de Cazalla, población cercana a Constantina, el pueblo de mis padres ¡Me habían dado un cartucho usado!


Entonces, algo sucedió de la forma que sucede en las películas cómicas. Fue un alivio por partida doble y nos ayudó a recuperarnos de la desilusión inicial. Como al minuto y medio de iniciar la bobina, aquella filmación desconocida mostraba a uno de los chicos, visiblemente borracho, protagonizando un striptease sobre un banco de madera. Justo cuando se le iba a ver el culo, la imagen fue engullida por una luz blanca, y un par de décimas de segundo mas tarde comenzaba por fin mi filmación, la que yo había tomado meses antes y había mandado a Aranjuez con tanta ilusión.

Allí, inmortalizados en celuloide, estaban mis padres, mi hermano Pablo, mis tíos Medina y Sole y mi prima Marina – futura veterinaria – alimentando a los perros de su chalé. La cosa terminó pronto. Aquellos fiesteros de la Sierra de Cazalla apenas me habían dejado un minuto. Comprendí entonces que la luz roja había funcionado desde el principio y que si el indicador lateral nunca se llenó es porque dejó de moverse al terminarse el cartucho. Gran parte de lo que esperaba ver en ese rollo jamás quedó registrado.

Cuando quise filmar otro, resultaba ya imposible encontrarlos en ningún establecimiento. Creo que podría decirse que el Super 8, me lo arrebataron de las manos (como decía Michael de su hijo Walt, en Lost) y desde entonces no volví a interesarme por el formato, ni a registrar imágenes en celuloide.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero el siguiente episodio, que intuyo... Yo también habia dado por muerto este formato hasta que descubrí, hace poco, lo mismo que tú. La emoción está servida.

jcanos, de foro super-8

Anónimo dijo...

Muy bueno Berto. Cuanto deberían quererte tus padres como para regalarte semejante máquina "todo en uno". Lástima de las gentes que se te invitaron solas a tu primer corto ¡Que además resulta que eran hasta de Cazalla!

Syrio dijo...

Esto es un señor regalo, desde luego.

A ver como continúa la historia.. ¿será una trilogía? :)

Vertov dijo...

Así es, Amigo Syrio. Como mínimo una trilogía. Puede que más!

A JCanos... Así es, ha sido un gran placer reencontrarme con el formato de la misma manera que tú.

Y Anónimo, sí. Un gran regalo de unos padres cariñosos... Uno nunca valora realmente a sus padres hasta que se separa de ellos, como yo al marchar a Madrid.

Gracias a todos por comentar!

Trinity dijo...

Me ha parecido super divertida la anécdota de tu grabación, aunque solamente viste 1 minuto de lo tuyo algo es algo, al menos tuviste super 8, yo ni eso, solamente recuerdo el Cinexin, y se fastidió al poco tiempo: éramos pequeños y mi hermano un poco destrozón :-)

Anónimo dijo...

Yo acabo de descubrir que tengo un equipo completo en casa, y en la cámara una peli por revelar... sabeis donde puedo enviarlo?? Ya sé que quizàs no se pueda revelar y que esté caducada...pero si lo consigo, tendré imagenes familiares grabadas por mis padres hace muchos muchos años... no creeis que vale la pena??