
El protagonista Neal Olivier (James Marsden) es el clásico adolescente de buena familia, confuso, indeciso y con inquietudes artísticas, que busca una respuesta sobre qué hacer con su vida. La aparición de O.W. Grant (un extraño personaje que concede deseos, interpetado por Gary Oldman) le conducirá a un viaje por inexistente la autopista Interestatal 60, en el que Neal espera encontrar a la chica de sus sueños y dónde tendrá oportunidad de conocer a los más variopintos personajes.
Deudora de aquellos Cuentos Asombrosos televisivos, la película hace gala en su inicio de un buen número de tópicos y personajes que parecen haber sido bosquejados con cierta prisa y desapego – sobre todo el protagonista y su familia - . Pero la trama posterior es terriblemente entretenida y se adivina en ella el germen de una historia realmente potente, si se hubiera trabajado un poquito más.
A través del viaje por carretera (fácil metáfora de su viaje interior hacia la madurez) Neal se convierte en protagonista de diversas microhistorias bastante originales ubicadas en pueblos ficticios diseminados a lo largo de la ficticia autopista. Conocerá a un ex–publicista que no tolera las mentiras, será detenido en un pueblo donde solo hay abogados, alternará con un anciano que no puede parar de comer (tiene un agujero negro en su estómago) y vivirá otras muchas situaciones enrevesadas. Todas ellas encierran una moraleja que le servirá en su futuro.
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El cinéfilo también disfrutará la presencia de algunas estrellas de la gran pantalla; eso sí, en papeles de no más de 5 minutos. Junto a Oldman, Kurt Russel, Michael J. Fox, Christopher Lloyd o Chris Cooper se entregan alegremente a la causa, exprimiendo al máximo su vis cómica sin preocuparse mucho por el peso o la relevancia de su personaje. Gracias a ellos, la rematadamente mala actuación del sosainas de James Marsden queda compensada a lo largo de la hora y media que dura el enredo.
El misterioso paquete se revela finalmente como un McGuffin que no servía para otra cosa que para dar pie a los pequeños episodes of the road que conforman Interestatal 60, una película que si bien no es redonda, se ve con el mismo agrado que cualquiera de esas antiguas producciones de Spielberg.