jueves, abril 24, 2014

Insidious, Capítulo 2 (James Wan, 2013)

Quien suela leer regularmente Copia Zero, habrá calado hace tiempo la simpatía que le profeso a James Wan, un director que tras una década de actividad, ha sabido crear un estilo propio en un género en el que parece que todo está inventado.

Con mucha curiosidad, pues quedé muy complacido con la primera parte, me acerqué a este Insidious, Capítulo 2. El inicio, pues, de este segundo capítulo se sitúa justamente dónde terminó el primero, con los Lambert, aquella familia hostigada por fantasmas, tratando de rehacer su vida en la vieja casa de la madre de Josh. El atemorizante plano final de Insidious, que tomamos por un guiño al espectador, toma fuerza en esta segunda parte y da para toda una nueva trama de eventos construída alrededor de los puntos más oscuros de la película original.



En Insidious 2, de hecho, los vivos atrapados en "más lejano" (o "the further", en inglés) tienen la habilidad de desplazarse en el tiempo, por lo que algunas partes del film funcionan como una suerte de revisitación a escenas claves de la película anterior, reeditadas con nuevo metraje, que ofrece una supuesta explicación a los enigmas de la saga.


¿No recuerda un poco a cierta segunda entrega de una famosa saga de los ochenta sobre viajes en el tiempo? Lamentablemente, aquel guión milimétrico y entretenidísimo de Bob Gale, nada tiene que ver con el impostado y hueco salto mortal discursivo que propone Leigh Whannel. Insidious 2 se adivina hecha aprisa,sin mucha inventiva, tanto narrativa como visual, y con la única intención de recolectar de nuevo las mieles del éxito de la primera, recurriendo esta vez de forma manifiesta y nada sutil a un tópico tras otro.


Sin embargo, no puedo decir que me haya aburrido. Está clarísimo que la sitúo muy por debajo de la primera parte, pero tiene algunos aspectos a resaltar, como la interpretación de Patrick Wilson y algún momento aislado de verdadera tensión. También agradecí un mayor desarrollo de lo que, si hay tercera parte, podría convertirse en una auténtica mitología, y es que odo lo relativo a "the further" y las leyes que imperan en ese universo al otro lado de la vida podría seguir dando mucho juego, pero de momento, en esta segunda parte, aparte que las sombras que acechan en "más lejano", larga y muy pronunciada es la de clásicos como Poltergeist, El Resplandor y otras tantas.

Digamos que entre Dead Silence Insidious, Capítulo 2, estoy a un paso de que el estilo de James Wan me empiece a resultar cargante y vacío, pero en cualquier caso, si hay un capítulo 3, posiblemente lo vería con interés.

sábado, abril 19, 2014

Europa Report (Sebastián Cordero, 2013)

Sabida mi fascinación por el género del found-footage (genero cinematográfico que articula una historia ficcional en torno a imágenes supuestamente recuperadas de alguna expedición o cobertura periodística) un par de amigos me recomendaron Europa Report, del director Sebastián Cordero.

La Europa 1 es la primera nave tripulada con destino, precisamente, a Europa, una de las cuatro lunas de Júpiter, dónde se han avistado indicios de una posible vida microcelular. Un fallo en las comunicaciones deja sin noticias al control de la misión en Tierra antes de que la nave alcance su destino. Años más tarde, el Europa 1 comienza a transmitir de nuevo. El archivo videográfico de la nave dará por fin la clave sobre qué sucedió con los astronautas destinados a tan importante misión.



A medio camino entre el found-footage y el falso documental (géneros parecidos pero con sutiles diferencias), Sebastián Cordero elabora una trama sencilla, que para esconder sus carencias narrativas, se nos presenta montada de forma no lineal, sin respetar así las normas no escritas del género, apoyado siempre en un desarrollo cronológico o, a lo sumo, en un montaje paralelo (el de los investigadores caminado parejo a las grabaciones encontradas) que retrase y genere suspense en torno a la resolución final.

Cordero se permite, sin embargo, saltos hacia atrás y hacia delante en una de las tramas, todo para que al final, el enigma pre-fabricado por este montaje, no satisfaga nuestras espectativas. La muerte del oficial científico James Corrigan (tranquilos, esto ocurre a los 10 minutos del inicio) tiene una explicación puramente anecdótica y para nada relacionada con el meollo de la historia. Casi me atrevo a decir que montado de forma lineal, hubiera sido más impactante y conmovedor.


En general, no solo la de James, sino que otras bajas e incidencias técnicas responden a causas arbitrarias, no generan giros argumentales y no hacen avanzar la trama. Obviando el impactante plano final, poco o nada se profundiza en la investigación que les ha llevado allí. "Es un mcguffin", dirían algunos, pero es que ni siquiera sirve de apoyo a un drama humano de mayor interés, como debería ser su cometido.


En lo positivo destaco las escenas introductorias, que junto a un diseño de producción  realista, logran transmitir esa verosimilitud que se le exige a un falso documental, y la actuación de Sharlto Copley, aunque su papel sea demasiado parecido al que interpretaba en Distrito 9. También quisiera destacar la presencia de una de mis musas de los noventa, Embeth Davitz, (quien gave her sugar, baby, a Bruce Campbell en El Ejército de las Tineblas) que a pesar de su ausencia en grandes títulos de Hollywood, demuestra en Europa Report sus tablas como actriz seria y madura.

La película de Sebastián Cordero no llega a ser mala, pero se echa de menos el talento y la genialidad de aquellas que el director se permite tributar. Todo recuerda vagamente a Alien, 2001 o La Cosa, pero Europa Report no está a la altura ni narrativa ni visualmente.

jueves, febrero 20, 2014

John dies at the end (Don Coscarelli, 2013)

John dies at the end es la última película de Don Coscarelli, quien nos diera en el pasado la admirada saga de Phantasma y algunas otras joyas inclasificables como El Señor de las Bestias o Bubba-Ho-tep.

En la calle lo llaman "salsa de soja" y transporta a los que la toman a través del tiempo. Sin embargo, cuando algunos regresan ya no son seres humanos. Así es como se produce una invasión silenciosa de la Tierra que hace que la humanidad necesite urgentemente un héroe. Aquí aparecen John y David, un par de desertores de la universidad que apenas son capaces de mantener un trabajo. ¿Podrán estos dos seres aterrados salvar a tiempo a la humanidad? (Filmaffinity).


Es difícil encontrar hoy día una comedia de terror tan absolutamente desvergonzada, imaginativa y al mismo tiempo inteligente y coherente con su propio universo (o multiuniversos, en este caso) como John dies at the end. Con este film, Don Coscarelli ha conseguido el más dificil todavía, al menos discursivamente. Para que me entendais; no pocas veces he empezado mis críticas con una cantinela parecida a esta: "premisa interesante y con posibilidades que se echa a perder con un desarrollo inverosímil y pedestre", pero en este caso es justamente al revés: lo absolutamente inverosimil y pedestre es la premisa, la idea de partida. Honestamente, no hay quien se la trague, y sin embargo tenemos un desarrollo realmente efectivo, gracias a unos buenos gags y un guión in crescendo que, aun con sus altibajos, provee de un beat increíblemente rítmico al montaje.


Lógicamente, tratándose de Don Coscarelli la historia resulta por momentos disparatada y  surrealista, y hemos de admitir que cuesta un poco juntar todas las piezas, pero uno se queda con la sensación de haber saltado, junto con los protagonistas, a una dimensión paralela, no esa en la que habita el villano lovecraftiano Korrok, sino aquella otra que el maestro Coscarelli gobierna según sus propias reglas, que como buenos discípulos, seguro habremos aprehendido (sí, con H) cuando sorteábamos tumbas abiertas y escapábamos de esferas asesinas por los pasillos de algún mausoleo (a buen entendedor...).

En lo visual el resultado es bastante irregular. Estamos ante una serie B pura y dura (ha costado 12.000 dólares), y eso se nota en la pobre factura de algunos efectos especiales (no todos, cuidado, hay planos que son de sobresaliente). Coscarelli combina efectos físicos y maquillaje con fondos y personajes recreados digitalmente, necesitando estos últimos un mayor hervor. Sin embargo, la fotografía está realmente cuidada a lo largo de todo el metraje y su responsable Mike Gioulakis consigue darle al film un aspecto moderno y acorde al género. 


Hay momentos realmente divertidos y frases para enmarcar. Aunque los dos protagonistas (Chase Williamson y Rob Mayes) no pasan del aprobado, sí que se agradece la presencia de actores de primer nivel como Clancy Brown (Los Inmortales, Perdidos) y Paul Giamatti (Saving Mr. Banks, La joven del agua, Entre Copas) o rostros entrañables como Angus Scrimm (el Hombre Alto en la saga de Phantasma) o Glynn Turman (Super 8), de quien hablábamos recientemente en nuestro pódcast sobre Gremlins.

Por esa historia quizá algo desordenada y confusa; por la poca vergüenza de ciertas escenas; por la necesidad de una cierta competencia lectora y por lo comentado sobre los VFX's, John Dies at the End pudiera no ser plato de buen gusto para algunos puristas, pero en Copia Zero le reconocemos clase, inteligencia y saber hacer. Si entras en el juego, puedes pasar un rato realmente divertido.

martes, febrero 18, 2014

Nebraska (Alexander Payne, 2013)

Nebraska es la novena película de Alexander Payne (A propósito de Schmidt, Los descendientes o Entre Copas), y es uno de los films candidatos a Mejor Película en la inminente Ceremonia de los Oscars. También hay nominaciones para su director, para Bruce Dern como actor principial (ya galardonado en Cannes), June Squibb (que interpreta a su esposa) y para el guión y la fotografía.

La policía detiene en Billings, Montana, a Woody Grant, un anciano que camina peligrosamente por el arcén de la autopista. Woody ha decidido ir andando hasta Lincoln, insistiendo en que allí, unos editores le darán el millón de dólares que le han "concedido" en una carta publicitaria. Pese a la reticencia de sus familiares, que saben que todo es un engaño, Woody y su hijo menor emprenderán un viaje en coche a través del estado de Nebraska para reclamar el ansiado "premio".


Alexander Payne, se muestra fiel a las temáticas que domina y nos ofrece una historia costumbrista poblada de personajes que, pese a estar algo estereotipados (el matón del pueblo, el familiar con éxito, los primos idiotas), están dotados de bastante personalidad - que no carisma - y realismo. Se trata de un retrato de la América profunda, tanto en lo antropológico como en lo geográfico, que diciendo lo mínimo evoca todo un crisol de sensaciones conocidas.

Uno de los atractivos de Nebraska es su correctísima fotografía, obra de Phedon Papamichael, que otorga el tono necesario al film, connotando esa amarga nostalgia de un tiempo pasado que no fue ni mejor ni peor, sino tanto o más duro que el actual. La película consigue atraparnos sin ofrecer ningún otro virtuosismo técnico más allá de un intachable academicismo formal, que no está reñido con la fuerza de algunas secuencias, ni con un estilo propio que va más allá de haber elegido filmar en blanco y negro.



Pero sin duda el plato fuerte es la presencia del legendario actor clásico Bruce Dern, en un papel diseñado para obtener la nominación que ostenta. Aun habiendo quedado encantado con su trabajo, pienso que el mérito de este Woody Grant, está también en Payne y en el guionista Bob Nelson. La habilidad del cineasta para crear entornos sugerentes, la selección de un reparto que está sembrado en sus réplicas, y las palabras justas (y los silencios) del guión de Nelson, son materias primas para que el protagonista de La Trama (Alfred Hitchcock, 1976) despliegue su veteranía en perfecta sinergia con todo el equipo.

Payne es ha sabido perfilar su estilo a lo largo de los años, y nos presenta ahora esta obra de madurez, de austeridad narrativa, contundente y dura en su discurso y exquisita en lo formal, que retrata con audacia a la clase media rural estadounidense; pobres diablos tan alejados como anhelantes del sueño americano, que no es sino una estafa más, como la carta a la que se aferra el viejo Woody en su odisea particular.

domingo, febrero 09, 2014

Splice: Experimento Mortal (2009, Vinzenzo Natali)

Me acerqué con cautela a Splice. Sin llegar al spoiler, sí se rumoreaba entre podcasters y twitteros sobre un giro final excesivo que provocó el rechazo de una parte importante de los espectadores. Eso era lo único que sabía del último film del canadiense Vincenzo Natali, (quien nos regaló Cube hace ya más de diez años) cuando esta tarde me decidí a verla.



Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley) son dos brillantes científicos que, por medio de la ingeniería genética, se dedican a crear variaciones de especies conocidas. Aunque han alcanzado el éxito, su ambición les hará perder el control, cuando, en secreto, decidan llevar sus experimentos más allá de la moral. Combinando ADN humano en sus experimentos genéticos obtendrán un nuevo escalón en el árbol evolutivo actual. Lo llamarán... Dren.

La película empieza realmente bien. Es de agradecer que, en un tiempo en el que cada vez más directores optan por obviar los títulos de crédito inciales, Splice cuente con una bella, sugestiva y plásticamente vigorosa introducción generada en CGI, pero con el regusto de los viejos clásicos de terror y ciencia-ficción, acompañada de una efectiva música compuesta por Cyrille Afort.



Desde el primer momento, y durante todo el metraje, Natali no se corta en mostrarnos hasta dónde son capaces de llegar sus artistas de VFX. Cada nuevo engendro genético, cada paso en la evolución de estas criaturas supone un logro en si mismo, y todos ellos culminan en la joven Dren. Bellísima aun en su deformidad, supone una auténtica cima creativa fruto del talento de maquilladores, de técnicos en 3D y muy especialmente de la actriz Delphine Chanéac (de origen francés, elegida - supongo - por la distancia entre sus ojos, que ha sido exagerada sutilmente en postproducción). 

Cada plano está bellamente compuesto e iluminado por Tetsuo Nagata consiguiendo una textura pictórica y una ambientación gótica que le va de maravilla a la historia. Natali se permite además homenajes velados a los monstruos de la Universal y al mejor Cronemberg, tanto visuales como en el guión.



La trama en sí está bastante manida (científicos que juegan a ser Dios), pero hay tantas sorpresas, tantas fases en la evolución física de Dren, que es imposible aburrirse. La falta de sentido común e incluso la redomada idiotez de la pareja protagonista en ciertos momentos, no supone ningún problema para empatizar con ellos (Tampoco Peter Cusing demostraba muchas luces en el Frankenstein hammeriano). El trabajo de Sara Polley y (especialmente) Adrien Brody es bueno y ayuda bastante a aportar credibilidad a una cinta que no tiene la más mínima base científica. Pero es que el enfoque de Natali está tan meridianamente claro, que como aficionados al fantasterror, no tenemos más remedio que abandonarnos a nuestras pulsiones más primarias, abrazar la inmoralidad de la que hace gala el film, e incluso disfrutar morbosamente de escenas tan perturbadoras como hermosas.

Admito que hay un punto en que la historia empieza a resultar algo excesiva, y llegado el momento nos preguntamos "¿Qué será lo próximo?". Entiendo que el giro final no haya contentado a todo el mundo. Pero en general, se nota (para bien) el sello del productor Guillermo del Toro; hoy día se echa de menos un cine fantástico tan políticamente incorrecto, y al mismo tiempo tan clasicista, pulcro, sólido y entretenido. Lo he pasado en grande.

viernes, febrero 07, 2014

Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013)

Capitán Phillips, de Paul Greengrass, como American Hustle o El Lobo de Wall Street, está también basada en hechos reales. Aun compitiendo para Mejor Película, Capitán Phillips no ha recibido nominación para el resto de premios gordos, como se les suele llamar. Sí que es candidata para Mejor Sonido, Mejor Edición de Sonido, Mejor Montaje, Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor Secundario.

En el año 2009, en aguas internacionales a 145 millas de la costa de Somalia, en el cuerno de África, el buque Maersk Alabama, al mando del capitán de la marina mercante estadounidense, Richard Phillips (Tom Hanks), fue abordado y retenido por piratas somalíes, siendo el primer barco norteamericano secuestrado en los últimos doscientos años. 


En un tiempo en que el denostado género de acción está dominado por superhéroes y producciones millonarias, se agradece una película austera y a la vez impactante, como Capitán Phillips. Greengrass es capaz de articular un discurso moderno y comercial, con toques de cine documental (cámara en mano, diálogos pisados, etc.), sin renunciar por ello a un montaje ágil y estilizado, o un uso de la música bastante convencional y efectivo. El guión de Billy Ray es estructuralmente intachable, y consigue desarrollar una trama interesante, a partir de un "hecho real". Si obviamos las quejas de algunos marinos que fueron testigos reales de los hechos, y atendiendo únicamente a las formas de narrar, Greengrass logra hacernos creer que aquello pudo realmente pasar tal cual se nos explica.



La veteranía es un grado, y Tom Hanks anda sobrado de ella. Su aproximación al capitán resulta sobresaliente de principio a fin, logrando un personaje creíble y muy en sintonía con las opciones discursivas de su director. En mi opinión, debió haber sido nominado a Mejor Actor, pues su interpretación logra eclipsar por momentos sus mejores trabajos del pasado. El debutante Barkhad Abdi (de origen somalí) no lo hace nada mal, aunque no considero que merezca hacerse con el Oscar al que está nominado.

En lo negativo, poco hay que decir. La inexactitud histórica señalada por los subordinados de Phillips (afirman que el capitán hizo poco o nada por evitar la situación e incluso la provocó, negándose a dar un rodeo para evitar a los piratas) es sin duda un trago amargo para director y guionista, y síntoma evidente del ciego fanatismo de algunos story-tellers, empeñados en erigir falsos héroes. Atendiendo a esto, algunos podrían llamarla  "americanada", pero lo cierto es que como película resulta tremendamente entretenida y tampoco es que haya ningún momento de exaltación patriótica manifiesta.



Al contrario, en Capitán Phillips, el heroísmo está en las decisiones del protagonista, en sus palabras, y su temple, no en sus dotes para el combate cuerpo a cuerpo ni en su habilidad para saltar distancias imposibles. Por lo tanto, bien podría funcionar como paradigma de lo que debería ser el cine de acción norteamericano en la actualidad. Sin volverés ni yippie-ka-yei's, mesurada en el uso de efectos visuales y escenas imposibles, pero comercial y espectacular allí donde se requiere.

miércoles, febrero 05, 2014

La gran estafa americana (David O'Russell, 2014)

La gran estafa americana, basada en uno de los operativos Abscam (grabaciones en vídeo orientadas a desmantelar casos de corrupción política) del FBI de los años 70-80, está dirigida por David O'Russell (Tres Reyes, Extrañas Coincidencias) y acumula nueve nominaciones, entre las que figuran los premios realmente gordos (Mejor Película, Director, Actor, Actor Secundario, Actriz y Actriz Secundaria).



Esta es la historia de un brillante estafador, Irving Rosenfeld (Christian Bale), que junto a su astuta y seductora compañera, Sydney Prosser (Amy Adams), se ve obligado a trabajar para un tempestuoso agente del FBI, Richie DiMaso (Bradley Cooper). DiMaso les arrastra al mundo de la política y la mafia de Nueva Jersey, tan peligroso como atractivo.

Con un discurso narrativo quizá demasiado pegado al de Scorsese en El Lobo de Wall Street, (distintas voces en off, travellings que siguen a los personajes, rock de la época) David O. Russell logra una cinta ágil, divertida y con algunas virtudes muy notables. Dicho esto, el primer acto puede resultar árido, debido a una casi nula identificación primaria. Durante 25 minutos nuestra empatía será puesta a prueba con unos personajes que exhiben sin tapujos su baja condición y fibra moral.


Sin embargo, poco a poco entramos en el juego y reímos las gracias y las desdichas de estos estafadores, habilmente retratados desde la ternura que nos inspiran los anti-héroes. El humor camina parejo a la tensión, en escenas que pondrán a prueba el ingenio y la pericia de los estafadores. El miedo a ser descubierto, el éxito, la anticipación del desastre; todo es vivido por el espectador con una mezcla de nerviosismo y risa floja.

Al contrario que otras historias corales, American Hustle está equilibrada y otorga a cada intérprete las frases justas, dandoles a cada cual una o varias oportunidades de lucirse. Jennifer Lawrence, es ya mi favorita para el Oscar a Mejor Actriz de Reparto sin haber visto a sus competidoras, y también Bradley Cooper hace un buen trabajo con su papel. Christian Bale, en uno de sus ya clásicos alardes de transformismo, nos regala una barriga cervecera y un peinado de cortinilla, aunque su rostro anguloso permanece intacto y su interpretación, aun nominada a los oscars, no es la más brillante de la cinta. Amy Adams, como en Man of Steel, sigue sin transmitirme gran cosa. Se nos regala además, el caramelo de la breve aparición de Robert DeNiro en el papel del mafioso Victor Tellegio.


Formalmente la película cumple los estándares y recrea con bastante eficacia los años 70-80, aunque quizá peque de excesivamente retro en algunos momentos, sin duda con fines humorísticos o nostálgicos. El manido recurso de recurrir a conocidas canciones de la época, hay que decir que sigue funcionando y viene perfecto para situar la película temporalmente.

No la considero tan notable como para hacerse con el Óscar a Mejor Película, pero embargo sí que es merecedora de casi todas las nominaciones que ostenta.

lunes, febrero 03, 2014

I sell the dead (Glen McQuaid, 2008)

Tenía ganas de ver I sell the dead, la opera prima del técnico de efectos visuales irlandés Glen McQuaid, una historia de vampiros con un marcado toque irish, donde participaban mis adorados Angus Scrimm y Dominic Monaghan, a quienes profeso una incondicional admiración por distintos motivos.

Los ladrones de tumbas Arthur Blake (Monaghan) y Willie Grimes (Larry Fessenden) son capturados. Cinco horas antes de que Arthur acompañe a Willie para ser ajusticiado, cuenta su historia al párroco Francis Duffy (Ron Perlman). Pronto se descubrirá que no son unos ladrones de tumbas corrientes, ya que por sus historias se descubre que no todos los cadáveres son iguales.



Mientras me preparaba para hacer esta review, he buscado inútilmente alguna referencia a novelas gráficas o cualquier trabajo literario anterior relativo a I sell the dead. Sin embargo, a pesar de las referencias y el marcado barroquismo visual al estilo de los comics, me sorprende comprobar que esta película se basamenta únicamente en la imaginación de su director y guionista. Y es que desde el inicio echamos en falta una mayor contextualización de la historia. De algún modo, me imaginé que ese contexto lo encontraría en una obra previa (lo cual ya sería un error), pero no; se trata simpelmente de un guión cojo, excesivamente lineal, repleto de tópicos y estructurado a base de pequeños micro-episodios autoconclusivos sin una trama interesante, en torno a unos personajes excesivamente planos.


El presupuesto de la película no llega a los 5.000 dólares y hay que decir que se esto se nota para mal. Los efectos especiales requieren una mayor dedicación y el uso casi permanente de la pantalla verde y los fondos generados en Photoshop producen una sensación de claustrofobia y colocan al film en la frontera de lo amateur. Tampoco ayudan ciertas taras en la planificación y el montaje (hay una escena en la que volvemos al mismo plano en 4 ó 5 ocasiones) e incluso en la composición de la música; pareciera que la banda sonora consta de un único track ininterrumpido de 90 minutos. Siendo justos, el resultado no es desastroso; en un videoclip de rock o incluso en un cortometraje, hubiera sido aceptable, pero en un largo resulta demasiado elemental.


Hay que reconocerle a Glenn McQuaid su astucia como negociador, pues sin invertir una millonada, ha logrado convencer a gente muy notable del mundillo artístico para participar en su B-Movie. Lamentablemente, ni siquiera la presencia de rostros tan importantes como Ron Perlman (Hellboy, El nombre de la rosa), Dominic Monhagan (El señor de los anillos, Perdidos) o el mismísimo Angus Scrimm (el Hombre Alto en la saga de Phantasma) logran levantar esta historia tan floja como pobremente llevada a la pantalla.

Cuando me senté a ver I sell the dead, no tenía ni idea sobre los detalles del presupuesto ni sobre el argumento (fijaos, llegué a creer que debían existir unos comics, una obra a la que aludía y cuyos guiños yo no era capaz de ver), pero creo que incluso una serie b puede atrapar a un espectador generoso y open minded aunque no vaya preparado. Siento decir que, sin tener tampoco altas espectativas al respecto, he sufrido una gran decepción.

jueves, enero 23, 2014

El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013)

Sexo, drogas y negocios de riesgo. Sobre esos tres pilares se basamenta la trama de El lobo de Wall Street, el último filme de Martin Scorsese - basado en la autobiografía del corredor de bolsa Jordan Belfort -  que llegó a nuestras pantallas el pasado viernes. La película acumula seis candidaturas a los Oscars, incluyendo mejor película, director, actor protagonista en una comedia (?) y guión adaptado (Terence Winter).

A mediados de los años ochenta, Jordan Belfort era un joven honrado que perseguía el sueño americano, pero pronto en la agencia de valores aprendió que lo más importante no era hacer ganar a sus clientes, sino ser ambicioso y ganar una buena comisión. Su enorme éxito y fortuna cuando tenía poco más de veinte años como fundador de una agencia bursátil le valió el mote de 'El lobo de Wall Street'.


Cuando uno abandona el cine tras El lobo de Wall Street, no puede creer que hayan pasado tres horas desde que entró. Sobre una estructura narrativa muy similar a la de otros títulos de Scorsese (Uno de los nuestros, Casino), el guionista Terence Winter ha tejido una sólida red de diálogos jugosos, en la boca de personajes tan frívolos como carismáticos, superficiales en apariencia, pero habilmente definidos y de una innegable autenticidad. El aspecto financiero de la trama ha sido inteligentemente relegado a un segundo lugar; como espectadores no necesitamos conocer datos bursátiles, pues lo que nos interesa es el drama humano (y el despiporre orgiástico) de Belfort. Tanto es así que éste, mirando directamente a cámara llega a decir: "Un momento, no os estáis enterando ¿Verdad? Da igual."

El antihéroe mujeriego, drogadicto e implacable en los negocios que interpreta Leonardo DiCarpio es el perfecto reflejo de nuestro lado oscuro, y como tal, el espectador goza de lo lindo viéndole triunfar, consumiendo quaaludes e 'intimando' con prostitutas de alto standing en yates de lujo.


En manos de otros directores, el filme podría haberse quedado en una crítica superficial y llena de clichés sobre la frivolidad y el culto al dinero, pero Scorsese usa una mirada libre de prejuicios en la que el éxito, el desenfreno y la morbidez llegan de forma natural e inevitable, permitiéndonos empatizar desde el principio con este de broker mesiánico y con su pandilla, una colección de nerds, fracasados y chulos de gimnasio reconvertidos en apóstoles de las finanzas.

Esta naturalidad no está reñida con un gusto exquisito en la imagen, una fotografía academicista rica en luces y contrastes y un alto control de los tiempos narrativos. Scorsese no renuncia a montajes acelerados sobre la base de potentes temas musicales, pero también sabe cuándo echar el freno y regalarnos diez minutos de un simple plano contraplano sustentado únicamente por el talento de sus actores.


Leonardo DiCaprio demuestra sobradamente que su etapa como ídolo adolescente ya pasó; hace un trabajo excepcional, e incluso en momentos en los que podría resultarnos sobreactuado, lo pasamos en grande con su histrionismo contenido (me refiero sobre todo a la primera discusión con su su segunda mujer, Naomi).

DiCaprio no es el único que brilla con luz propia en su papel de Belfort. Muy de cerca le sigue Jonah Hill, que interpreta al hombre de confianza Donnie Azoff, o un Matthew McConaughey inspiradísimo cuya intervención no llega a los diez minutos. También Kyle Chandler (Super 8) está genial como el implacable y sin embargo templado agente del FBI Patrick Dehnam. Personalmente agradecí la presencia del actor/director Rob Reiner (responsable de títulos tan dispares como Misery, Spinal Tap, Cuando Harry encontró a Sally o La Princesa Prometida), y hasta la guapísima Margot Robbie demuestra ser algo más que un cuerpo de infarto.

Lo único que puede echársele en cara a Scorsese es un leve decaimiento del interés hacia el final del filme. En vez de terminar con un clímax o momento álgido, la trama se va desinflando progresivamente conforme Belfort va cayendo en los infiernos. Con todo, y pese a mi reticencia hacia los discursos faraónicos de más de dos horas de duración (¿Dónde quedaron los digeribles 100 minutos de los años noventa?), tengo que decir que las tres horas de El lobo de Wall Street han sido de las más rápidas y más divertidas que he pasado en mucho tiempo.

miércoles, enero 22, 2014

Miedos 3D (Joe Dante, 2009)

Si en nuestro podcast de Gremlins, hablábamos del tímido revival que tuvo el 3D en los años ochenta, esta otra película de Joe Dante fue una de las que abrió brecha a finales de la década pasada en lo que hoy se ha convertido de nuevo en algo cotidiano; el cine en relieve. Dicen que las modas vuelven cada 30 años, y en el caso del 3D parece ser cierto. Comenzó en los años 20, se popularizó en los 50, volvió tímidamente en los 80 y de nuevo en la actualidad con novedosas técnicas y más fuerza que nunca.

Al mudarse a un nuevo vecindario, los hermanos Dane y Lucas descubren con su nueva vecina, Julie, una puerta en el sótano de su casa. Al abrirla hallan un pozo sin fondo que deja escapar todo el mal que aloja en su interior. Asediados por extrañas sombras que acechan detrás de cada esquina y por pesadillas que cobran vida, los tres jóvenes deberán afrontar sus peores miedos para poner fin al misterio del pozo.



Con Miedos 3D (en inglés The Hole 3D, no confundir con la película de 2001 The Hole, de Nick Hamm) Joe Dante se puso tras las cámaras tras seis años sin dirigir un largo (sí que hizo televisión y un fragmento del film coral Trapped Ashes), en lo que debió ser un rodaje divertidísimo. Al menos se nota que Dante está en su salsa; mete sus consabidos homenajes al horror film clásico y a los dibujos animados, y exprime desmesuradamente el recurso de las tres dismensiones, que seguramente debe amar tanto o más que el propio James Cameron.

Vista en una pantalla normal, todo el trabajo de cámara resulta forzado, absurdo y carente de sentido. La película está rodada a base de grandes angulares, planos cenitales, figuras colocadas en primer término y extremidades que se abalanzan sobre la cámara para impresionar al espectador. La misma Avatar (del mismo año, por cierto), con todo su artificio, resulta menos obvia y machacona en cuanto a su uso del 3D.




La idea del agujero como catalizador de los miedos y el esfuerzo del trío protagonista por sobreponerse a ellos, es un lugar común gastadísimo de la ficción literaria y cinematográfica, y los personajes están consecuentemente trazados con brocha gorda. Hay más tópicos, entre los que destacan una niñita pálida que llora sangre, un payaso algo cabroncete y un policía con los sesos al aire.

Dante no ha sabido reciclarse; el 3D es tosco; la fotografía resulta excesivamente luminosa, propia de un telefilme; y el tono cabalga entre la comedia y el horror film sin obtener la mezcla precisa. Por todo ello, y aunque sabemos que el realizador ama los seriales de terror de los 50', The Hole recuerda, más que a Twilight Zone, a aquella otra serie noventera (tan modesta como falta de pretensiones y encaminada a un público infantil) que fue Are you afraid of the dark? (El Club de Medianoche).


¿Me ha gustado? Lo cierto es que sí, que me he divertido bastante. Pese a sus fallos, Miedos 3D es el canto de cisne de un cine que ya no se hace, una película muy cómplice con el espectador. Se debe aceptar el pacto ficcional; hay que captar el guiño que nos hace Dante cuando usa técnicas impensables en 2009, como el stop motion y la cámara rápida. No da miedo, no nos tiene al borde del asiento, pero nos ofrece momentos memorables, como ese climax final de toque expresionista, heredero directo de su It's a good life (la historia que dirigió en el film En los límites de la realidad) o los cameos de figuras legendarias como Dick Miller y Bruce Dern (recién nominado al Oscar como mejor actor principal en Nebraska).

The Hole es una película que llegó tarde, nada recomendable para un público joven más acostumbrado al found footage que a los Universal Monsters, pero si la hubiéramos visto en los ochenta, con Corey Feldman de protagonista y la música de Jerry Goldsmith, nos hubiera encantado.

domingo, enero 19, 2014

Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013)

Dallas Buyers Club, del director Jean-Marc Vallée le ha valido a los actores Matthew McConaughey y Jared Leto el preciado Globo de Oro al mejor actor y mejor actor de reparto, respectivamente, y se perfila como una de las favoritas en los Oscars 2014, dónde ha sido nominada en algunas de las principales categorías, además de algunos premios técnicos (Mejor película, actor principal y de reparto, fotografía, guión original y maquillaje).

Vaya por delante decir que Dallas Buyers Club merece casi todas las nominaciones que ostenta. La de mejor película, más que merecida o no, es más que nada comprensible, teniendo en cuenta la temática social que tanto gusta en la Academia. Podría ganar, de eso estoy seguro.



Basada en la vida real de Ron Woodroof, un tejano cowboy de rodeo, drogadicto y mujeriego, al que en 1986 le diagnosticaron SIDA y le pronosticaron un mes de vida. A más de seis meses para la aprobación del AZT, Woodroof comienza a tomarlo clandestinamente. Pronto conocerá las verdades y mentiras sobre el fármaco milagroso y se verá enfrentado a doctores y compañías médicas.

La película aborda esta comprometida historia real, con responsabilidad y buen gusto. Se trata de una mirada crítica hacia la industria farmaceutica estadounidense, que llama a la reflexión sobre ciertas prácticas médicas y sobre como el sistema judicial, mediante absurdas burocracias y vacíos legales, favorece a lobbys empresariales, en perjuicio del paciente, el auténtico necesitado de ayuda.


Bien es cierto que los Oscars, como cualquier otra forma de promoción, no ofrece datos fiables sobre la calidad o la relevancia de los títulos a concurso, pero en lo que se refiere a Dallas Buyers Club, hay que decir que además de cumplir los estándares técnicos con sólo 5 millones de dólares, es también un filme valiente, honesto y reconfortante. 

Los Globos de Oro de McConaughey y Leto son merecidos. Suelo ser bastante crítico con los actores que arriesgan su integridad física en aras de una mayor realismo; pues al fin y al cabo se trata de ficción, y veo en estas prácticas más un afán de reconocimiento,  que un compromiso con la historia o verdadero talento. Pero en este caso concreto, estamos hablando además de expresión, voz y lenguaje corporal. Ambos actores han logrado una caracterización sobresaliente y se merecen toda la suerte del mundo en la ceremonia.


El guión de Craig Borten y Melisa Wallace, hace concesiones a los modos de narración convencionales; tenemos un arco evolutivo  totalmente made in Hollywood para el personaje de McConaughey, pinceladas de humor (escasísimas, pero las hay), veladas historias de amor y unos modernos recursos de montaje que enmarcan la película en la época actual (discursivamente quiero decir, no olvidemos que la acción transcurre en 1985).

En resumen, Dallas Buyers Club es la cruda historia de un héroe atípico, que adopta un modelo discursivo apto para las masas; digerible a pesar de su dureza y con muchas posibilidades de llevarse la preciada estatuilla.

viernes, enero 17, 2014

Al encuentro de Mr. Banks (John Lee Hancock 2014)

Ayer fuimos invitados al pase de prensa de Saving Mr. Banks, dirigida por John Lee Hancock, quien además de realizador, también es el guionista de títulos tan dispares como Un mundo perfecto (Clint Eastwood, 1993) o Blancanieves, La leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012).

Tras veinte años de insistencia por parte de Walt Disney (Tom Hanks), la escritora P. L. Travers (Emma Thompson) accede finalmente a que su libro Mary Poppins pueda ser llevado a la gran pantalla. Con la intención de controlar el proyecto antes de dar su sí definitivo, Travers viaja de Londres a Los Ángeles para encontrarse con el gran magnate y su equipo creativo.



Aunque al principio se pensó en realizar esta película al margen del gran estudio, finalmente ha sido producida conjuntamente entre Disney y Ruby Pictures. Consecuentemente, no esperábamos en ningún caso una crítica descarnada al establishment de Hollywood ni al gigante de los dibujos animados. El guión de Kelly Marcel es pues una descafeinada sucesión de disputas cómicas entre los miembros del estudio y la escritora, habilmente aderezada con múltiples referencias al film clásico. Paralelamente, nos meten con calzador la dura infancia de la escritora. Estos flashbacks, de gran belleza visual y en principio "decisivos" para entender el drama interno de la Sra. Travers, se me hicieron, no obstante, demasiado recurrentes. No quiero decir que sobren, pero si omitiría algunos de ellos.


El arco evolutivo de la escritora es el ABC de cualquier guión comercial, empieza siendo dura y autoritaria, para acabar comulgando con la política del gran estudio, aceptando todo aquello de lo que al principio se quejaba (la inclusión de palabras inventadas, pingüinos animados, canciones e incluso el color rojo), lo cual tampoco es ningún secreto si se ha visto Mary Poppins. Algo así como el Señor Banks interpretado por David Tomlinson en el filme clásico.

Nada se puede decir contra Tom Hanks y Emma Thompson, muy agusto en papeles hechos a su medida, ni contra Paul Giamatti o Colin Farrell (que interpreta al padre de Travers en los flashbacks). Todos ellos son actores de primer nivel, están geniales y tienen algún momento brillante.



No sabemos cuánto hay de verdad en Saving Mr. Banks, aunque salvo alguna licencia dramática, tampoco debe distar mucho de los hechos reales. Realmente no llega a haber un conflicto serio o interesante, aunque sí una sucesión de gags cómicos que inciden en el caracter arisco de Travers, contrapuesto al talante conciliador y bonachón de Disney y su equipo (todos ellos, desde la secretaria de Walt, hasta el compositor de la música, son encantadores a más no poder). Lo más que se puede decir de Saving Mr. Banks, es que es una película agradable, bienintencionada y a ratos divertida, tanto más si admiramos y tenemos fresca aquella Mary Poppins del 64. Quizá con eso sea bastante.

jueves, enero 16, 2014

La leyenda de la mansión del infierno (John Hough, 1973)

Hace unos días terminé el libro La Casa Infernal, de Richard Matheson, quien retaba con este escrito a Shirley Jackson, autora del exitoso The Haunting of Hill House, que también conoció una adaptación cinematográfica en el año 1963 (The Haunting, dirigida por Robert Wise). El resultado fue una historia que pretendía ser el paradigma de los cuentos de casa encantada, y que cargaba las tintas en cuanto a sadismo, brutalidad y perversiones sexuales. Aunque algo directa y parca en introspección en los personajes, me ha resultado una novela endiabladamente entretenida en su desarrollo, aunque algo dilatada en su final, que podría haber solapado diversas acciones para hacerlas coincidir en un verdadero clímax, en lugar de secuenciarlas la una tras la otra.


Dicho esto, acogí con muchas expectativas la película de John Hough, muy especializado en aquel entrañable cine Disney de acción real y con algunos capítulos de Los Vengadores (la serie clásica) en su haber. Más que Hough, lo que realmente me atraía de esta producción era la presencia de Roddy McDowall (interpretando al médium B. F. Fischer) y un guión firmado por el propio Matheson, que de alguna forma era garantía de fidelidad al libro.



Durante los primeros minutos, sentí que estaba ante ese cine de terror con solera y denominación de origen, tan recargado como pulcro en su fotografía, y con encuadres de gran belleza y sugestión. Un gótico inglés poderoso e hipnótico en la línea de Hammer Films, que también recuerda a Sergio Leone en el uso del primerísimo primer plano. Aunque durante el desarrollo del filme, este gusto por la estética se mantiene, alguna de las tomas más arriesgadas (vistas subjetivas, cámara en mano, planos cenitales, etc.) llegaron a sacarme por momentos de la historia.



El reparto es sin duda acertadísimo, los rostros de Roddy McDowall, Clive Revill, Pamela Franklin y Gale Hunnincut no distan demasiado de los que imaginé para Fischer, Barret, Edith (que aquí se llama Ann) y Florence al leer el libro, y todos ellos hacen suyo cada personaje sin la mayor dificultad e incluso con varios momentos brillantes, especialmente McDowall y Hunnincut, logrando imponerse sobre la dirección algo mecánica y desapasionada de John Hough.


El principal problema de La Leyenda de la mansión del infierno quizá sea el guión de Matheson. Si la parquedad introspectiva de la novela es una opción válida, sometida únicamente al gusto del lector; el guión cinematográfico sí tiene importantes carencias (aunque de otra naturaleza). Y es que se trata apenas de una breve escaleta informativa; diálogos y acciones han sido reducidos a su esencia y parecen suceder de forma atropellada y sin tiempo a digerir los acontecimientos. Además, tratándose de una película del 73, resultaba prácticamente imposible trasladar a la gran pantalla la brutalidad sexual y el sadismo de la novela, con lo que Matheson, en su condición de guionista, se autocensura obviando los momentos más jugosos y perturbadores.

La leyenda de la mansión del infierno, sin duda agradará los fans del terror clásico, por su cuidada fotografía y atmósfera sugestiva, amén de algunos momentos terroríficos bastante conseguidos, como el ataque poltergeist a Barret, pero no es en ningún caso la "película definitiva" de casas encantadas, como así pretendía serlo la novela en el ámbito literario.

domingo, enero 05, 2014

Una pandilla alucinante (Fred Dekker, 1987)

Hace unos años creía que había visto todo lo mejor del cine de los 80. Pensaba que los ídolos totémicos de aquella época habían sido convenientemente desenterrados, etiquetados y clasificados en VHS, DVD o Blu Ray. Que todo se reducía a The Goonies, E.T., Indiana Jones, Regreso al Futuro y algunas más.

De repente, y debido entre otras cosas a la aparición de canales temáticos de cine en abierto, empiezas a descubrir nuevas joyitas que, paradójicamente, todo el mundo parece haber visto antes que tú. Tal es el caso de esta comedia adolescente con regusto de horror film, Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1988), de Fred Dekker (El terror llama a su puerta, 1986)


Sean, Patrick, Horace y Eugene - un grupo de críos de en torno a los 12 años - son un desastre en matemáticas, pero en lo que se refiere a monstruos son auténticos expertos. Cierto día descubren que Drácula está, de hecho, vivo y planea dominar el mundo con la ayuda del hombre lobo, la criatura de la laguna negra, la momia y el monstruo de Frankenstein. Juntos tratarán de impedir que el reinado del mal se extienda sobre la faz de la Tierra.


Esta sinopsis puede parecer una falacia, pero sorprendentemente la cosa funciona, gracias a un guión (firmado por Shane Black y el propio Dekker) tremendamente honesto que pone en escena lo que en otras circunstancias nunca llegaría más allá del patio de un colegio de primaria. Así, The Monster Squad no es más que el juego inocente de unos críos, surgido a la voz de "¿Vale que éramos una patrulla contra los monstruos, y se nos aparecía Drácula?". A mí, como espectador, no me queda otra que gritar "¡Vale!".

Y es que en torno a esta premisa, los guionistas supieron artiucular una historia sin demasiados reveses ni giros narrativos, pero con cientos de gags (físicos o dialogados) realmente efectivos y múltiples homenajes a las viejas películas de la Universal. El desenlace es una sucesión de situaciones delirantes y frases para el recuerdo, sin que el tono humorístico incida demasiado en un climax estructuralmente intachable.



Junto a esta broma que es el guión, el otro punto fuerte del film es sin duda el reparto. Desde el "viejo alemán siniestro" (Leonardo Cimino), hasta Phoebe (la pequeña Ashley Bank), tanto adultos como niños parecen entender la intención de Fred Dekker, y nos ofrecen unas interpretaciones inspiradas y divertidas, especialmente Stephen Macth (Del, policía y padre de Sean) y Stan Shaw (su compañero, el detective Sapir).
El diseño de estos engendros del mal corre a cargo del Stan Winston Studio, siendo especialmente notable la revisión de la criatura de la laguna. Los efectos especiales son obra de Richard Edlund (quien demostró su valía en títulos como El Imperio Contraataca o En busca del arca perdida) y la fotografía de Bradford May. Todos ellos logran un aspecto visual idóneo para el film: una iluminación difusa y frontal propia de las comedias, convive con los claroscuros y colores fríos tan típicos del cine de terror, creando un todo correcto, agradable y bastante ilustrativo de la época en que se rodó, con algunas tomas especialmente cuidadas.



Por su mirada limpia, su espíritu juguetón, y su sentido tributo a los clásicos, Una pandilla alucinante debería tener un merecido lugar junto a los ídolos totémicos que mencionaba en el primer párrafo, y podría considerarse, en fondo y forma, como la quintaesencia de ese cine de los ochenta que gente como J.J. Abrams está tratando de rescatar.