miércoles, enero 22, 2014

Miedos 3D (Joe Dante, 2009)

Si en nuestro podcast de Gremlins, hablábamos del tímido revival que tuvo el 3D en los años ochenta, esta otra película de Joe Dante fue una de las que abrió brecha a finales de la década pasada en lo que hoy se ha convertido de nuevo en algo cotidiano; el cine en relieve. Dicen que las modas vuelven cada 30 años, y en el caso del 3D parece ser cierto. Comenzó en los años 20, se popularizó en los 50, volvió tímidamente en los 80 y de nuevo en la actualidad con novedosas técnicas y más fuerza que nunca.

Al mudarse a un nuevo vecindario, los hermanos Dane y Lucas descubren con su nueva vecina, Julie, una puerta en el sótano de su casa. Al abrirla hallan un pozo sin fondo que deja escapar todo el mal que aloja en su interior. Asediados por extrañas sombras que acechan detrás de cada esquina y por pesadillas que cobran vida, los tres jóvenes deberán afrontar sus peores miedos para poner fin al misterio del pozo.



Con Miedos 3D (en inglés The Hole 3D, no confundir con la película de 2001 The Hole, de Nick Hamm) Joe Dante se puso tras las cámaras tras seis años sin dirigir un largo (sí que hizo televisión y un fragmento del film coral Trapped Ashes), en lo que debió ser un rodaje divertidísimo. Al menos se nota que Dante está en su salsa; mete sus consabidos homenajes al horror film clásico y a los dibujos animados, y exprime desmesuradamente el recurso de las tres dismensiones, que seguramente debe amar tanto o más que el propio James Cameron.

Vista en una pantalla normal, todo el trabajo de cámara resulta forzado, absurdo y carente de sentido. La película está rodada a base de grandes angulares, planos cenitales, figuras colocadas en primer término y extremidades que se abalanzan sobre la cámara para impresionar al espectador. La misma Avatar (del mismo año, por cierto), con todo su artificio, resulta menos obvia y machacona en cuanto a su uso del 3D.




La idea del agujero como catalizador de los miedos y el esfuerzo del trío protagonista por sobreponerse a ellos, es un lugar común gastadísimo de la ficción literaria y cinematográfica, y los personajes están consecuentemente trazados con brocha gorda. Hay más tópicos, entre los que destacan una niñita pálida que llora sangre, un payaso algo cabroncete y un policía con los sesos al aire.

Dante no ha sabido reciclarse; el 3D es tosco; la fotografía resulta excesivamente luminosa, propia de un telefilme; y el tono cabalga entre la comedia y el horror film sin obtener la mezcla precisa. Por todo ello, y aunque sabemos que el realizador ama los seriales de terror de los 50', The Hole recuerda, más que a Twilight Zone, a aquella otra serie noventera (tan modesta como falta de pretensiones y encaminada a un público infantil) que fue Are you afraid of the dark? (El Club de Medianoche).


¿Me ha gustado? Lo cierto es que sí, que me he divertido bastante. Pese a sus fallos, Miedos 3D es el canto de cisne de un cine que ya no se hace, una película muy cómplice con el espectador. Se debe aceptar el pacto ficcional; hay que captar el guiño que nos hace Dante cuando usa técnicas impensables en 2009, como el stop motion y la cámara rápida. No da miedo, no nos tiene al borde del asiento, pero nos ofrece momentos memorables, como ese climax final de toque expresionista, heredero directo de su It's a good life (la historia que dirigió en el film En los límites de la realidad) o los cameos de figuras legendarias como Dick Miller y Bruce Dern (recién nominado al Oscar como mejor actor principal en Nebraska).

The Hole es una película que llegó tarde, nada recomendable para un público joven más acostumbrado al found footage que a los Universal Monsters, pero si la hubiéramos visto en los ochenta, con Corey Feldman de protagonista y la música de Jerry Goldsmith, nos hubiera encantado.

domingo, enero 19, 2014

Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013)

Dallas Buyers Club, del director Jean-Marc Vallée le ha valido a los actores Matthew McConaughey y Jared Leto el preciado Globo de Oro al mejor actor y mejor actor de reparto, respectivamente, y se perfila como una de las favoritas en los Oscars 2014, dónde ha sido nominada en algunas de las principales categorías, además de algunos premios técnicos (Mejor película, actor principal y de reparto, fotografía, guión original y maquillaje).

Vaya por delante decir que Dallas Buyers Club merece casi todas las nominaciones que ostenta. La de mejor película, más que merecida o no, es más que nada comprensible, teniendo en cuenta la temática social que tanto gusta en la Academia. Podría ganar, de eso estoy seguro.



Basada en la vida real de Ron Woodroof, un tejano cowboy de rodeo, drogadicto y mujeriego, al que en 1986 le diagnosticaron SIDA y le pronosticaron un mes de vida. A más de seis meses para la aprobación del AZT, Woodroof comienza a tomarlo clandestinamente. Pronto conocerá las verdades y mentiras sobre el fármaco milagroso y se verá enfrentado a doctores y compañías médicas.

La película aborda esta comprometida historia real, con responsabilidad y buen gusto. Se trata de una mirada crítica hacia la industria farmaceutica estadounidense, que llama a la reflexión sobre ciertas prácticas médicas y sobre como el sistema judicial, mediante absurdas burocracias y vacíos legales, favorece a lobbys empresariales, en perjuicio del paciente, el auténtico necesitado de ayuda.


Bien es cierto que los Oscars, como cualquier otra forma de promoción, no ofrece datos fiables sobre la calidad o la relevancia de los títulos a concurso, pero en lo que se refiere a Dallas Buyers Club, hay que decir que además de cumplir los estándares técnicos con sólo 5 millones de dólares, es también un filme valiente, honesto y reconfortante. 

Los Globos de Oro de McConaughey y Leto son merecidos. Suelo ser bastante crítico con los actores que arriesgan su integridad física en aras de una mayor realismo; pues al fin y al cabo se trata de ficción, y veo en estas prácticas más un afán de reconocimiento,  que un compromiso con la historia o verdadero talento. Pero en este caso concreto, estamos hablando además de expresión, voz y lenguaje corporal. Ambos actores han logrado una caracterización sobresaliente y se merecen toda la suerte del mundo en la ceremonia.


El guión de Craig Borten y Melisa Wallace, hace concesiones a los modos de narración convencionales; tenemos un arco evolutivo  totalmente made in Hollywood para el personaje de McConaughey, pinceladas de humor (escasísimas, pero las hay), veladas historias de amor y unos modernos recursos de montaje que enmarcan la película en la época actual (discursivamente quiero decir, no olvidemos que la acción transcurre en 1985).

En resumen, Dallas Buyers Club es la cruda historia de un héroe atípico, que adopta un modelo discursivo apto para las masas; digerible a pesar de su dureza y con muchas posibilidades de llevarse la preciada estatuilla.

viernes, enero 17, 2014

Al encuentro de Mr. Banks (John Lee Hancock 2014)

Ayer fuimos invitados al pase de prensa de Saving Mr. Banks, dirigida por John Lee Hancock, quien además de realizador, también es el guionista de títulos tan dispares como Un mundo perfecto (Clint Eastwood, 1993) o Blancanieves, La leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012).

Tras veinte años de insistencia por parte de Walt Disney (Tom Hanks), la escritora P. L. Travers (Emma Thompson) accede finalmente a que su libro Mary Poppins pueda ser llevado a la gran pantalla. Con la intención de controlar el proyecto antes de dar su sí definitivo, Travers viaja de Londres a Los Ángeles para encontrarse con el gran magnate y su equipo creativo.



Aunque al principio se pensó en realizar esta película al margen del gran estudio, finalmente ha sido producida conjuntamente entre Disney y Ruby Pictures. Consecuentemente, no esperábamos en ningún caso una crítica descarnada al establishment de Hollywood ni al gigante de los dibujos animados. El guión de Kelly Marcel es pues una descafeinada sucesión de disputas cómicas entre los miembros del estudio y la escritora, habilmente aderezada con múltiples referencias al film clásico. Paralelamente, nos meten con calzador la dura infancia de la escritora. Estos flashbacks, de gran belleza visual y en principio "decisivos" para entender el drama interno de la Sra. Travers, se me hicieron, no obstante, demasiado recurrentes. No quiero decir que sobren, pero si omitiría algunos de ellos.


El arco evolutivo de la escritora es el ABC de cualquier guión comercial, empieza siendo dura y autoritaria, para acabar comulgando con la política del gran estudio, aceptando todo aquello de lo que al principio se quejaba (la inclusión de palabras inventadas, pingüinos animados, canciones e incluso el color rojo), lo cual tampoco es ningún secreto si se ha visto Mary Poppins. Algo así como el Señor Banks interpretado por David Tomlinson en el filme clásico.

Nada se puede decir contra Tom Hanks y Emma Thompson, muy agusto en papeles hechos a su medida, ni contra Paul Giamatti o Colin Farrell (que interpreta al padre de Travers en los flashbacks). Todos ellos son actores de primer nivel, están geniales y tienen algún momento brillante.



No sabemos cuánto hay de verdad en Saving Mr. Banks, aunque salvo alguna licencia dramática, tampoco debe distar mucho de los hechos reales. Realmente no llega a haber un conflicto serio o interesante, aunque sí una sucesión de gags cómicos que inciden en el caracter arisco de Travers, contrapuesto al talante conciliador y bonachón de Disney y su equipo (todos ellos, desde la secretaria de Walt, hasta el compositor de la música, son encantadores a más no poder). Lo más que se puede decir de Saving Mr. Banks, es que es una película agradable, bienintencionada y a ratos divertida, tanto más si admiramos y tenemos fresca aquella Mary Poppins del 64. Quizá con eso sea bastante.

jueves, enero 16, 2014

La leyenda de la mansión del infierno (John Hough, 1973)

Hace unos días terminé el libro La Casa Infernal, de Richard Matheson, quien retaba con este escrito a Shirley Jackson, autora del exitoso The Haunting of Hill House, que también conoció una adaptación cinematográfica en el año 1963 (The Haunting, dirigida por Robert Wise). El resultado fue una historia que pretendía ser el paradigma de los cuentos de casa encantada, y que cargaba las tintas en cuanto a sadismo, brutalidad y perversiones sexuales. Aunque algo directa y parca en introspección en los personajes, me ha resultado una novela endiabladamente entretenida en su desarrollo, aunque algo dilatada en su final, que podría haber solapado diversas acciones para hacerlas coincidir en un verdadero clímax, en lugar de secuenciarlas la una tras la otra.


Dicho esto, acogí con muchas expectativas la película de John Hough, muy especializado en aquel entrañable cine Disney de acción real y con algunos capítulos de Los Vengadores (la serie clásica) en su haber. Más que Hough, lo que realmente me atraía de esta producción era la presencia de Roddy McDowall (interpretando al médium B. F. Fischer) y un guión firmado por el propio Matheson, que de alguna forma era garantía de fidelidad al libro.



Durante los primeros minutos, sentí que estaba ante ese cine de terror con solera y denominación de origen, tan recargado como pulcro en su fotografía, y con encuadres de gran belleza y sugestión. Un gótico inglés poderoso e hipnótico en la línea de Hammer Films, que también recuerda a Sergio Leone en el uso del primerísimo primer plano. Aunque durante el desarrollo del filme, este gusto por la estética se mantiene, alguna de las tomas más arriesgadas (vistas subjetivas, cámara en mano, planos cenitales, etc.) llegaron a sacarme por momentos de la historia.



El reparto es sin duda acertadísimo, los rostros de Roddy McDowall, Clive Revill, Pamela Franklin y Gale Hunnincut no distan demasiado de los que imaginé para Fischer, Barret, Edith (que aquí se llama Ann) y Florence al leer el libro, y todos ellos hacen suyo cada personaje sin la mayor dificultad e incluso con varios momentos brillantes, especialmente McDowall y Hunnincut, logrando imponerse sobre la dirección algo mecánica y desapasionada de John Hough.


El principal problema de La Leyenda de la mansión del infierno quizá sea el guión de Matheson. Si la parquedad introspectiva de la novela es una opción válida, sometida únicamente al gusto del lector; el guión cinematográfico sí tiene importantes carencias (aunque de otra naturaleza). Y es que se trata apenas de una breve escaleta informativa; diálogos y acciones han sido reducidos a su esencia y parecen suceder de forma atropellada y sin tiempo a digerir los acontecimientos. Además, tratándose de una película del 73, resultaba prácticamente imposible trasladar a la gran pantalla la brutalidad sexual y el sadismo de la novela, con lo que Matheson, en su condición de guionista, se autocensura obviando los momentos más jugosos y perturbadores.

La leyenda de la mansión del infierno, sin duda agradará los fans del terror clásico, por su cuidada fotografía y atmósfera sugestiva, amén de algunos momentos terroríficos bastante conseguidos, como el ataque poltergeist a Barret, pero no es en ningún caso la "película definitiva" de casas encantadas, como así pretendía serlo la novela en el ámbito literario.

domingo, enero 05, 2014

Una pandilla alucinante (Fred Dekker, 1987)

Hace unos años creía que había visto todo lo mejor del cine de los 80. Pensaba que los ídolos totémicos de aquella época habían sido convenientemente desenterrados, etiquetados y clasificados en VHS, DVD o Blu Ray. Que todo se reducía a The Goonies, E.T., Indiana Jones, Regreso al Futuro y algunas más.

De repente, y debido entre otras cosas a la aparición de canales temáticos de cine en abierto, empiezas a descubrir nuevas joyitas que, paradójicamente, todo el mundo parece haber visto antes que tú. Tal es el caso de esta comedia adolescente con regusto de horror film, Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1988), de Fred Dekker (El terror llama a su puerta, 1986)


Sean, Patrick, Horace y Eugene - un grupo de críos de en torno a los 12 años - son un desastre en matemáticas, pero en lo que se refiere a monstruos son auténticos expertos. Cierto día descubren que Drácula está, de hecho, vivo y planea dominar el mundo con la ayuda del hombre lobo, la criatura de la laguna negra, la momia y el monstruo de Frankenstein. Juntos tratarán de impedir que el reinado del mal se extienda sobre la faz de la Tierra.


Esta sinopsis puede parecer una falacia, pero sorprendentemente la cosa funciona, gracias a un guión (firmado por Shane Black y el propio Dekker) tremendamente honesto que pone en escena lo que en otras circunstancias nunca llegaría más allá del patio de un colegio de primaria. Así, The Monster Squad no es más que el juego inocente de unos críos, surgido a la voz de "¿Vale que éramos una patrulla contra los monstruos, y se nos aparecía Drácula?". A mí, como espectador, no me queda otra que gritar "¡Vale!".

Y es que en torno a esta premisa, los guionistas supieron artiucular una historia sin demasiados reveses ni giros narrativos, pero con cientos de gags (físicos o dialogados) realmente efectivos y múltiples homenajes a las viejas películas de la Universal. El desenlace es una sucesión de situaciones delirantes y frases para el recuerdo, sin que el tono humorístico incida demasiado en un climax estructuralmente intachable.



Junto a esta broma que es el guión, el otro punto fuerte del film es sin duda el reparto. Desde el "viejo alemán siniestro" (Leonardo Cimino), hasta Phoebe (la pequeña Ashley Bank), tanto adultos como niños parecen entender la intención de Fred Dekker, y nos ofrecen unas interpretaciones inspiradas y divertidas, especialmente Stephen Macth (Del, policía y padre de Sean) y Stan Shaw (su compañero, el detective Sapir).
El diseño de estos engendros del mal corre a cargo del Stan Winston Studio, siendo especialmente notable la revisión de la criatura de la laguna. Los efectos especiales son obra de Richard Edlund (quien demostró su valía en títulos como El Imperio Contraataca o En busca del arca perdida) y la fotografía de Bradford May. Todos ellos logran un aspecto visual idóneo para el film: una iluminación difusa y frontal propia de las comedias, convive con los claroscuros y colores fríos tan típicos del cine de terror, creando un todo correcto, agradable y bastante ilustrativo de la época en que se rodó, con algunas tomas especialmente cuidadas.



Por su mirada limpia, su espíritu juguetón, y su sentido tributo a los clásicos, Una pandilla alucinante debería tener un merecido lugar junto a los ídolos totémicos que mencionaba en el primer párrafo, y podría considerarse, en fondo y forma, como la quintaesencia de ese cine de los ochenta que gente como J.J. Abrams está tratando de rescatar.

jueves, enero 02, 2014

La Frustra e il Corpo (Mario Bava, 1963)

Bajo el seudónimo de John M. Old, y un año antes de su aclamada Seis mujeres para el asesino, Mario Bava filmó La Frusta e il corpo, o The Whip and the body, como la conocerían los norteamericanos; producida conjuntamente con capital francés e italiano, la película reclutaba para el papel de villano al titán de la Hammer, Christopher Lee.



En el siglo XIX, Kurt Menliff (Lee), un cruel y sádico aristócrata desheredado por su padre, regresa al castillo familiar, mostrando aparente arrepentimiento, y con la intención de recuperar sus títulos. Tras seducir a Nevenka (Daliah Lavi), la futura mujer de su hermano, es hallado muerto y se procede a darle sepultura. Al poco tiempo su fantasma comienza a aparecer sembrando el terror en la familia Menliff.

Tratandose de Bava, estamos, como no, ante un film con un deslumbrante estilo visual, cuyo mayor atractivo radica en su cuidada fotografía colorista y su ambientación gótica. La Frusta e il corpo, cuyo coste estima IMDB en unos 60.000 dólares, logra crear una atmósfera sugestiva y perturbadora gracias principalmente a su atractivo estilo visual, remarcado por una excelente banda sonora, persistente y pegadiza, obra de Carlo Rustichelli.


Se nos hace difícil juzgar la calidad de las interpretaciones, dado que hemos visto una versión inglesa en la que no solo se suprime la voz original de los intérpretes italianos, sino que el propio Christopher Lee, ha sido doblado por otro actor. Como fuere, Lee está fantástico y logra transmitir habilmente la corrupción de su personaje. El resto del elenco está muy correcto, siendo especialmente destacable la joven protagonista Daliah Lavi, quien logra componer un personaje atormentado y al mismo tiempo tan sádico como el propio Kurt.

El principal fallo que le veo a Bava en esta película es que dilata hasta el exceso ciertas escenas de suspense, en las que no se consigue totalmente esa sensación de ansiedad perseguida. A pesar de sus escasos 83 minutos de duración, La Frusta e il Corpo se hace larga y no tiene apenas argumento. Es un whodunit en el que casi no hay una investigación activa sobre la identidad del asesino y dónde los ataques del fantasma de Kurt hacia Nevenka llegan a ser repetitivos tanto discursiva como visualmente.


Con todo, la ambigüedad moral de la cinta (excesiva para 1963), y las logradas interpretaciones de Lee y Lavi, hacen de La Frusta e il Corpo un film decididamente interesante, que incluso logra darnos algún susto puntual sin recurrir a manidos trucos de montaje y sonido. Si bien se hace densa en su tramo medio, hay que reconocerle un prólogo muy elaborado y un desenlace brutal y sorprendente.

domingo, diciembre 29, 2013

Aullidos (Joe Dante, 1981)

Meses antes de que John Landis estrenara Un hombre lobo americano en Londres, Joe Dante se marcaba su propio homenaje a los licántropos con esta Aullidos (The Howling). Aunque las comparaciones son odiosas, son también inevitables. Dos directores a quienes unía una muy estrecha amistad revisionaron el mito del hombre lobo en el mismo año, y ambos con la ayuda del mismo especialista en maquillaje de efectos (el gran Rick Baker, aquí en calidad de asesor).


Karen (Dee Wallace), una popular presentadora de televisión de Los Ángeles, sufre una crisis nerviosa al estar a punto de ser asaltada por un violador. Para superar el trauma sigue el consejo del Dr. Waggner (Patrick McNee) que le recomienda retirarse a descansar al campo. Pronto descubrirá que su estrés post-traumático no es en absoluto el único peligro al que está expuesta.

El guión de John Sayles, basado en la novela homónima de Gary Bradner, es una interesante actualización del género licántropo que sitúa a estos depredadores sobrenaturales en la América de los ochenta, ocultos pero adaptados a la vida moderna, reconvertidos en psico-killers y violadores. A pesar de esta premisa ciertamente atractiva, el primer punto de giro, que por consejo de Waggner lleva a nuestra protagonista a un particular retiro en una comunidad de enfermos mentales, se nos hace tremendamente inverosimil e impostado. Desde los primeros minutos sospechamos que un deux ex machina se cierne peligrosamente sobre la historia (la mandamos al campo para exponerla al peligro), y es que el guión de Sayles muestra demasiado pronto la corrupción de dicha comunidad y la conexión de la misma con el primer asalto a Karen, matando parte del factor sorpresa.


A partir de ahí todo parece suceder por unos demasiado obvios y predecibles mecanismos de causa-efecto; podría decirse incluso que Aullidos cuenta con varios auto-spoilers. Por ejemplo, el marido de Karen se nos presenta como vegetariano, bastante más tarde es mordido por un lobo; algo después ya no es vegetariano, y hacia el final se convierte en lobo. Cada uno de estos eventos se separa unos 20 minutos del anterior y/o posterior, y deja entrever el siguiente. Por si no fuera bastante con un guión algo torpe en este aspecto, el director de Gremlims se revela además como un story teller poco experimentado en materia de suspense. No se corta en mostrar manos, patas y vistas subjetivas del licántropo anulando el horror que genera la anticipación del ataque.

Paralelamente, y aunque la película cuenta con algunos de los más laureados actores del horror film norteamericano, amén de un cameo del mismísimo Roger Corman, o la guapa Dee Wallace (E.T.) de protagonista, ninguno de estos rostros logra levantar el filme por encima del aprobado. El sello de Dante se reduce pues a su gusto por el cartoon y las películas clásicas de terror (muestra varios fragmentos de El Hombre Lobo de George Waggner), tributos en los que también incurría Landis, aunque con algo más de mesura.

Técnicamente también se quedaron a medio gas: las metamorfosis, aunque fueron en cierto modo pioneras, quedan muy lejos de las innovadoras y sugerentes propuestas de Un hombre lobo americano en Londres (estrenada tan solo unos meses después) o En Compañía de Lobos (1984). Una fotografía quizá demasiado luminosa da la película un aspecto de telefilme que no lo favorece demasiado.


Supongo que para algunos, todas estas particularidades otorgan a Aullidos un cierto aire de culto o encanto ochentero, pero quiero creer que para que un clásico de los 80's perdure y nos arañe el corazón debe poseer algo más que una estética transochada. En mi opinión, los films mencionados en el párrafo anterior superan con creces el que nos ocupa. Como sea, y aunque el climax durante la revelación en la cabaña me resultó igualmente predecible, reconozco que hay en él algunos de los mejores diálogos. Más adelante durante la última escena en el estudio de televisión, experimenté una cierta catarsis emocional. Estas dos escenas, junto al caracter pionero de los efectos especiales, salvan a mi juicio, el conjunto final y hacen de Aullidos una película cuando menos interesante, aunque con ciertas carencias narrativas.

martes, diciembre 10, 2013

Entre dos mundos (Fernando González Sitges, 2013)

Estos días están siendo ajetreados para la productora mexicana Minotauro, pues se encuentra en plena campaña de promoción de este documental de carácter histórico dirigido por Fernando González Sitges (en el que también colaboran diversas entidades españolas y mexicanas) acerca de la figura mítica de Gonzalo Guerrero, el soldado y marino onubense que se convirtió a la cultura maya, rehusó ser rescatado por Hernán Cortés y combatió a los españoles, bajo el rango de jefe militar en la tribu de los Tutul.

 

Estamos ante una cinta con vocación documental, pero apoyada fuertemente en imágenes ficcionales más propias de un rodaje cinematográfico, en esa corriente a la que que cada vez más parece adscribirse el género. Así pues, no sólo se apoya en testimonios de arqueólogos e historiadores, en grabados de la época y mapas explicativos, sino que también tenemos la oportunidad de contemplar hazañas de Guerrero (interpretado por el actor David Marín) en las paradisíacas playas del Nuevo Mundo.

A pesar de este look cinematográfico, en lo relativo al rigor histórico y verosimilitud, la cinta de Fernando González se salva de cualquier sospecha o reserva, ya que asume desde un principio la dificultad de una aproximación realista, dejando claro que lo relatado proviene de cronistas e historiadores, y no todos fueron testigos presenciales de los hechos. Lo que nos van a contar es lo que consta en los archivos, no hay más.


Superado ese primer temor por mi parte, tengo que decir que disfruté bastante. Entre Dos Mundos, aunque basada en hechos reales, se pliega sin vacilar a las estructuras del cine espectáculo, reubicando y ordenando los diferentes hitos del soldado español en una estructura modélica y hasta excesivamente formulática. Dicho de otra forma, aun siendo la primera aproximación a la figura de Guerrero, no es en absoluto la primera película de "conquistadores conquistados por la belleza del nuevo mundo, sino que presenta semejanzas nada sutiles con varios blockbusters del cine americano, como Bailando con lobos, Pocahontas o la mismísima Avatar, por mencionar sólo 3 ejemplos. Esto no es necesariamente malo, ya que sin faltar a los registros, la trama gana en interés y se digiere con facilidad y familiaridad. 



A pesar de ser una producción low-cost (IMDB estima su coste en apenas 350.000 dólares), Entre dos mundos ostenta una cuidada fotografía, tanto en las localizaciones naturales de la Rivera Maya como en interiores bellamente atrezzados e iluminados. La postproducción de los elementos gráficos se me antoja, eso sí, algo apresurada.  Un mayor mimo en lo relativo al diseño hubiera dado a Entre dos mundos, un empaque visual muy superior.

Con todo, estamos ante una producción solvente y con cuerpo, con un ritmo adecuado y de un notabilísimo interés histórico, que a pesar de su reducido presupuesto, alcanza el estándar mínimo del cine documental serio.

lunes, diciembre 02, 2013

¡Estrenamos PODCAST!

En Copia Zero nos estrenamos en el mundo del podcast. El pasado 6 de Noviembre tuvo lugar la grabación de este primer programa, en el que charlamos con el escritor y crítico de cine Carlos Díaz Maroto sobre el mítico creador de efectos visuales Ray Harryhausen. Carlos, pionero del fanzine español, colaborador de Morpho y creador de El Sueño del Fevre, es además el director de nuestra web amiga www.pasadizo.com y ha escrito un sinfín de libros sobre cine fantástico como Drácula, de Transilvania a Hollywood, King Kong, el rey del cine o la guía Star Trek: La frontera final junto a Luis Alboreca. 




Luego se unieron a nosotros los chicos de Teckel Studios, Victor García y Cristina Villanueva, para hablarnos sobre su proyecto de convertir En Busca del Arca Perdida, en una aventura gráfica al estilo de LucasArts. Hemos podido ver capturas de la primera demo que lanzaron y recupera en verdad todo el sabor de la época dorada de los míticos Monkey Island o Indiana Jones, Fate of Atlantis.


Tras un arduo proceso de postproducción, para que podáis disfrutar de estos contenidos de forma amena, divertida y con un buen nutrido número de mini-clips de audio alusivos de los filmes que tratamos en las entrevistas, llega, recién salido del horno, el primer podcast de Copia Zero, al que podéis dar PLAY bajo estas líneas.



Como devotos fans que somos no nos pudimos resistir a compartir nuestros tesoros cinéfagos en forma de props de Indiana Jones o material de coleccionista sobre Ray Harryhausen.


Desde aquí, el Doctor Vertov os anima a escuchar este primer podcast que presentamos con gran ilusión, y a compartirlo si creéis que el esfuerzo nos ha merecido la pena. Estaremos de nuevo "en el aire" en cuanto tengamos más cosas que contaros de esta disciplina que nos apasiona que es el cine fantástico.

viernes, noviembre 29, 2013

Viral (Lucas Figueroa, 2013)

Acabamos de venir de la premiere de Viral, la primera película de Lucas Figueroa, realizador argentino provinente del mundo de la publicidad y realizador de Porque hay cosas que no se olvidan, que ostenta el record de ser el cortometraje más premiado.

La película cuenta la historia de Raúl, un joven artista gráfico agobiado por las deudas, huérfano de madre y con su padre en un psiquiátrico. Su vida cambia cuando resulta ganador del concurso 'El Friki de la Fnac', por el cual obtendrá 15.000 euros en premios si, encerrado una semana en la conocida tienda del centro de Madrid, logra para la misma un total de 100.000 fans en las redes sociales. Pronto se verá acosado por una supuesta entidad que habita en los grandes almacenes ¿Es un montaje promocinal o hay realmente  fantasmas?



Con esta premisa comienza una película que, lejos de encontrar el punto exacto entre comedia y terror, parece perder desde su mismo inicio no solo el punto, sino los propios códigos fundacionales de ambos géneros. Sobre el papel, la película tenía elementos interesantes con los que jugar (un  cuento clásico de fantasmas, de iconografía religiosa y oscurantista; una velada crítica al mercantilismo y al márketing agresivo), pero todo se queda en agua de borrajas debido principalmente a un guión sin fuerza que apenas esboza todos los atractivos potenciales de la idea inicial.


Con este material de base, poco o nada pueden hacer los actores. A pesar de su demostrada solvencia en el medio televisivo, los jóvenes protagonistas, no logran pasar del aprobado, especialmente Miguel Ángel Muñoz, que se gana un suspenso de tomo y lomo con su torpe imitación del acento andaluz. Por encima suya se sitúan Chani Martín, Aura Garrido o el veterano Pedro Casablanc, que por momentos logran una actuación convincente y otorgan cierta credibilidad a la trama.

Si malo es el guión, peor es la realización. El principal problema es el propio Fnac; y es que la localización donde transcurre el 80% del film no tiene ni chicha ni limoná, y lejos de sentir la claustrofobia que persigue Figueroa, acabamos hartos de tanta estantería, tanto CD y tanto prop de Star Wars. Este estatismo intenta compensarse con planos secuencia, o con algún montaje dinámico en la línea de Aranofsky, así como algunos travellings imposibles (que entran y salen a través de los monitores o los visores de las cámaras de seguridad), y varios sustos de manual, pero todas estas soluciones visuales resultan impostadas  y sin una justificación clara.


Ni tan siquiera el maquillaje de FX ofrece un resultado profesional, y la música resulta redundante y demasiado sujeta a los cánones (estas notas dan miedo, estas otras son románticas, estas generan tensión) revelando aun más la impostura. No hablo aquí del grupo Auryn sino de la partitura instrumental.

No obstante, Viral tiene leves destellos de brillantez. Un homenaje al giallo italiano aquí, una buena interpretación allá (sobre todo Aura Garrido y Pedro Casablanc), pero en defintiva podría hacerse mucho, muchísimo mejor. Mi sentimiento hacia esta película es el mismo que hacia la saga de La herencia Valdemar; apoyo muchísimo el cine autofinanciado y autoproducido, por su valentía y entrega (tanto más si pertenece al género del fantasterror), pero me duele en el alma que al final, se cometan errores tan elementales como los del filme que nos ocupa.

jueves, noviembre 21, 2013

Don Jon (Joseph Gordon-Lewitt, 2013)

El solvente actor Joseph Gordon-Lewitt (The Dark Night Rises, Looper, Lincoln) se estrena en la dirección con Don Jon, una comedia políticamente incorrecta escrita y protagonizada también por él, en la que aborda con complicidad y buen rollo la historia de un pajillero compulsivo, de fuertes convicciones religiosas, que pese a su éxito con las mujeres, encuentra más placer visionando porno por internet que en sus relaciones sexuales. Contra todo pronóstico, Jon se propone abandonar por una temporada los ligues de una noche y conquistar a Barbara Sugarman (Scarlett Johansson), que en apariencia es la chica perfecta.


El actor, director y guionista parece encontrarse a sus anchas, interpretando a un paleto religioso y pajillero, que en el fondo no es más uno de tantos anti-héroes cómicos de clase media con el que, a pesar de su rudeza, la identificación primaria del espectador se hace inevitable. Podemos empatizar o no con sus hábitos onanistas, pero reconocemos en él las inseguridades, los ademanes forzados y todo ese discurso del macho alfa que en el fondo no es más que una fachada ante familiares, amigos y conquistas femeninas.


Aunque lineal y predecible, el guión se sirve de efectivos gags ubicados estratégicamente en la trama que soprendentemente están rodados sin los excesos de otras películas (se me viene a la mente el trabajo de los hermanos Farrely o la saga Scary Movie), optando por un tono realista más en la línea del guionista Richard Curtis (Notting Hill, Cuatro bodas y un funeral). Otro de sus puntos fuertes es el brillantísimo elenco de secundarios encabezados por Julianne Moore, pero donde brillan con luz propia Tony Danza y Glenne Headley (interpretando a los padres de Don) que recitan el guión con pasmosa naturalidad y una gracia innata.


Que un actor se ponga detrás de las cámaras siempre genera inquietudes. El producto final de Gordon-Lewitt no merece en ningún caso el suspenso pero bien es cierto que todo es demasiado fácil en Don Jon. A pesar del discurso irreverente y las continuas alusiones al sexo y la religión, el tono es bastante descafeinado y el arco argumental no es distinto del de cualquier comedia romántica (género con el que incluso se permite el lujo de ironizar en una escena del film, donde el protagonista las llama 'el porno de las mujeres').

Dicho de otra forma, Gordon-Lewitt se nos revela como un escritor ingenioso y con inventiva, pero no asume riesgos reales ni nos ofrece nada que no hayamos visto un millón de veces. Podríamos concluir en que Don Jon es una comedia romántica 'para tíos', pero sólo en apariencia, pues inevitablemente el protagonista acabará encontrando su lado femenino, y el director podrá así reconciliarse con ambos sexos.

miércoles, noviembre 20, 2013

10000 noches en ninguna parte (Ramón Salazar, 2013)

Ayer asistimos a la premiere en los Cines Callao de 10.000 noches en ninguna parte, la tercera película (y la más personal) de Ramón Salazar (Piedras, 20 centímetros, guionista de Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de tí). Con reservas motivadas por sus guiones para dramas adolescentes, pero con un firme interés en ver el resultado de esta película autoproducida y filmada con una Canon 5D, entré en el cine tratando de liberar mi mente de prejuicios.

Se nos cuenta la historia de un joven apocado y gris (Andrés Gertrudix), que cuida de su madre alcohólica (Susi Sánchez) en un oscuro piso del centro de Madrid. Un día emprende una suerte de viaje iniciático que podría cambiar su vida y abrirle las puertas a un mayor entendimiento de si mismo. Sus pasos le llevan a París, dónde conocerá a una española muy peculiar (Lola Dueñas) y a Berlín, donde trabará amistad con un grupo de artistas (entre ellos, Najwa Nimri).



Es preciso advertir que 10.000 noches en ninguna parte no sigue los estándares del cine comercial, la historia es deliberadamente inconexa y hasta simbólica; correspondiendo al espectador sacar sus propias conclusiones. 

Dicho esto, tengo que decir que me sorprendió gratamente, no solo por el intachable acabado técnico y su lograda dirección de fotografía (no olvidemos los medios limitados con que se rodó), sino por el uso del montaje y los recursos narrativos. Ramón Salazar (que también firma el guión) articula un montaje paralelo entre lo que se supone son tres etapas en la vida del protagonista. Aunque el director confiesa haber empezado a rodar cuando el guión no estaba del todo perfilado, el conjunto resulta sólido y consistente.

En la ficción comercial me suelen molestar ciertos recursos, cuando se usan sin mesura. Por contra, en el filme de Salazar, la cámara en mano y el uso de la profundidad de campo, no resultan en absoluto chocantes o carentes de sentido, sino que le otorgan fuerza y también un cierto tono verosimilista que resulta idóneo para la historia.


Inteligentemente, y aun situando la acción en ciudades tan icónicas como París o Berlín, Salazar retrata con discreción los momumentos y lugares emblemáticos, centrando su atención en crear ambientes etéreos llenos de significado, desligados de un tiempo y lugar concreto. Para ello, opta además por no dar nombre a sus personajes, que no pasan de ser "el joven", "su hermana" o "una chica". A pesar de su estructura libre y final abierto, el director sitúa con acierto distintas claves que nos sugieren el sentido del film, y es que ni siquiera durante su huída hacia adelante, el joven podrá renunciar a lo cotidiano; reubicando las pálidas luces de su oscura realidad, en un entorno donde puedan brillar; transformadas y adecuadas a dicho entorno, pero refrendando y revelando la propia identidad del protagonista.

En el plano actoral Lola Dueñas, Najwa Nimri y el resto del elenco cumplen y están a la altura, pero hay que destacar sobre todo el buen trabajo de Andrés Gertrudix, quien, por decisión del director, trabajó sin apenas indicaciones sobre su personaje; y Susi Sánchez, que demuestra  veteranía y tablas, en un papel que se me antoja el más completo y difícil de la cinta.


Aunque en mi misma fila, una pareja se levantó a mitad de la proyección, en ningún caso el ritmo pausado del filme me pareció un error; aunque sí considero que la película se dilata en exceso hacia el final, dónde algunas escenas me resultaron redundantes y poco reveladoras, otras incurrían sin necesidad en mostrar desnudos integrales, como tantos otros films patrios (apuesto a que nunca veré los genitales a George Clooney o Julia Roberts, pero ya se como son los de Andrés Gertrudix, algo es algo).

10.000 noches en ninguna parte no es, como apuntábamos, un filme sujeto a los estándares. Ni a los del cine comercial, ni a los del cine español (o no a todos, al menos). Tampoco lo pretende ni lo necesita; es una historia intimista de sentimientos y pasiones que se digiere con naturalidad y desde las entrañas, sin resultar por ello pretenciosa o ininteligible.

miércoles, noviembre 13, 2013

El Juego de Ender (Gavin Hood, 2013)

Ya se puede ver en nuestras pantallas El Juego de Ender (Ender's Game, 2013), dirigida por el oscarizado Gavin Hood y con mister Harrison Ford a la cabeza de un reparto que también incluye al veteranísimo Ben Kingsley, y los niños Abigail Breslin (Zombieland) y Asa Butterfield (La invención de Hugo) en el papel de Ender Wiggins. La película llega rodeada de polémica, debido a las ideas homófobas y ultraderechistas de su creador, el escritor Orson Scott Card. Si bien la productora Summit Entertainment ha preferido desmarcarse de tal polémica, Harrison Ford dejó bien claro que aunque ama la novela y el subtexto de la misma, está en completo desacuerdo con los posicionamientos de Scott Card en materia de gays y lesbianas.



El joven Ender Wigging es reclutado por la Milicia Internacional y preparado desde su niñez para liderar el primer ataque contra los Insectores, una raza alienígena que intentó colonizar la Tierra cincuenta años atrás. En su ascenso militar, será tutorizado por el coronel Graff (Ford) quien ve en él la única esperanza contra el enemigo.

Orson Scott Card nos presenta pues un futuro militarizado, en continua amenaza de guerra donde niños y niñas son concebidos con el único propósito de servir al ejército. Desde el inicio, la película parece (repito, parece) adherirse a la corriente triunfalista de otros blockbusters de ciencia ficción bélica. No comulgué con ese discurso y se me hizo un filme algo antipático desde el inicio. Durante casi una hora y cuarto, no hay ningún personaje que alce la voz contra este sistema de reclutamiento cruel y deshumanizado o contra el "ataque preventivo" hacia los aliens. Ni siquiera la dulce hermana del protagonista (una gran interpretación de Abigail Breslin), que viene a representar el vínculo de Ender con su conciencia y sus emociones. Harrison Ford, aun con todo su talento y magnetismo, también nos coloca en una posición incómoda, al representar la autoridad máxima en esta férrea cadena de mando.


Con El juego de Ender, uno tiene la sensación de que todo va demasiado rápido, por culpa de un guión que seguramente (no leí la novela) condensa in extremis las 368 páginas del libro. La ascensión de Ender en la cadena de mando tiene lugar a velocidad de vértigo, y de forma atropellada. No queda claro cuanto tiempo permanece en la academia, pero atendiendo únicamente al ritmo y al montaje, pareciera que no ha transcurrido más de unas semanas.

Tan solo al final, una vez tiene lugar el clímax narrativo y el giro (algo predecible) más importante del guión, es cuando la película se redime y logramos una cierta identificación con Ender y con el subtexto del filme. Pero para los que no hemos leído la novela, este nuevo discurso pacifista llega quizás demasiado tarde.


A nivel visual se cumplen los estándares de la ciencia ficción actual, y aunque llegué a experimentar cierta claustrofobia (casi toda la película trasncurre en la base militar), todo el apartado técnico y artístico merece mi aplauso, en especial la banda sonora, que a veces se aleja de los compases propios del cine de acción para coquetear tímidamente con la space ópera. Harrison Ford está sensacional; sencillamente no hay quien le iguale en credibilidad, espontaneidad y tablas, ni siquiera el veterano Ben Kingsley, quien sin embargo, y al igual que el resto del elenco, realiza una labor más que notable.

Aun con sus defectos (un guión algo atropellado y la ausencia de una identificación primaria sólida), hemos de resaltar El Juego de Ender como un blockbuster digno, entretenido, que aborda temas interesantes e invita a la reflexión.

lunes, noviembre 04, 2013

La Gran Sorpresa (Nathan Juran, 1964)

Adscrita a la moda de los viajes espaciales de los años 50-60 llegaba a las pantallas La Gran Sorpresa (First Men in The Moon), una nueva producción de Morningside Films,  propiedad de Ray Harryhausen y Charles H. Schneer, dirigida nuevamente por Nathan Juran, que ya trabajó con ellos en La Bestia de otro planeta y Simbad y la Princesa.

La película está basada en una obra de H. G. Wells, y narra la historia del profesor Cavor (Lionel Jeffries) y el embaucador Bedford (Edward Judd), una suerte de investigadores reconvertidos en astronautas en el año 1899, gracias a una sustancia basada en el helio denominada Cavorita. Cavor, Bedford y la novia de este (Martha Hyer) aterrizarán en la Luna y conocerán a sus misteriosos habitantes, los selenitas.



Este relato de H.G. Wells ya fue adaptado por Meliès en su famosísimo Viaje a la Luna de 1902 (que puede considerarse una fusión de la obra de Wells con De la Tierra a la Luna de Jules Verne) y en la versión muda First Men in the Moon de Bruce Gordon y J. L. Leigh, una olvidada cinta británica practicamente irrecuperable hoy día.

Aunque el guión tiene algunos aciertos (el prólogo y el epílogo desarrollado en el presente, con la llegada de una expedición lunar liderada por las Naciones Unidas), la credibilidad del filme se ve perjudicada cuando retrocedemos al año 1899. Aunque el look de época está muy conseguido, el tono de la película da un inesperado giro de 180º al optar por un nada adecuado sentido del humor. Aunque Lionel Jeffries y Edward Judd están geniales como científico excéntrico y paleto avispado, algo no encaja en lo que se supone es una cinta de ciencia-ficción.


En plano ideológico, aunque el filme hace gala de un paficifsmo y antimilitarismo bastaste naïf, se pierde la metáfora de la novela de Wells, en la que la estructura social de los selenitas representaba el peligroso imperialismo al que se encaminaba la sociedad de su tiempo.
 
Afortunadamente, La Gran Sorpresa tiene muchísimos atractivos a nivel estético, que podrían compensar la balanza y dotar de cierta entidad al conjunto final. Toda la parte de la expedición lunar en el "presente", antes de flashback, es muy impactante por su realismo, incluso en un tiempo en que el hombre aún no había llegado a la Luna (Amstrong lo lograría 4 años más tarde). Los decorados que representan el interior de nuestro satélite y los travelling mattes lunares están hechos con gusto y dedicación. También el diseño de la cápsula espacial del profesor Cavor tiene un innegable encanto steampunk; y las creaciones de Harryhausen (el diseño de los selenitas, las vacas espaciales - u orugas gigantes -, y algún que otro guiño a Jasón y Simbad) aunque menos espectaculares que en otras producciones, conservan sin embargo ese sello tan inconfundible y gratificante del maestro Ray.


Podríamos concluir en que, de una obra menor de H. G. Wells, resultó una película menor de Morningside Films, que a pesar de la fuerza de algunos planos y el excelente trabajo de Ray Harryhausen, no está a la altura de otros clásicos firmados por el animador, debido principalmente al exagerado tono de comedia y a un final demasiado apresurado.