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martes, octubre 11, 2011

El Misterio de Salem's Lot (Stephen King, 1975)

Hace unos días acabé otra de las obras que tenía pendientes con el maestro del horror.  Salem's Lot (1975) fue su segunda novela tras la exitosa Carrie y supuso su consagración como uno de los primeros nombres de la narrativa fantástica norteamericana. Al poco de terminar de leerla, me dispuse a ver la legendaria adaptación televisiva de 1979.

A pesar de ser una de sus primeras obras, King deja entrever algunas constantes en su narrativa. No sería la última vez que nos presenta a una pequeña población de Nueva Inglaterra como personaje atómico y plural. En el pueblo de Salem conviven personajes de diversa condición social y moral. Tenemos cincuentonas cotillas, borrachos, jugadores, inadaptados, sádicos, maltratadores y también hombres valientes, responsables y comprometidos.

¡Ay! Esas viejas portadas de P&J
 Entre estos últimos enontramos al protagonista Ben Mears; un escritor - qué casualidad - con un par de libros de éxito que vuelve a su tierra natal con la intención de escribir sobre el pueblo. Pretende centrarse en la casa de los Marsten; una mansión en la que Mears vivió una desagradable experiencia cuando era niño, y que a su criterio actúa como catalizador de fuerzas malignas. No se equivoca; pronto conocerá a Straker, un misterioso hombre de negocios que no es sino el servidor de un mal mucho más antiguo y primigenio que el que atemorizó al escritor en su niñez.

Aunque reconocemos el estilo particular de su autor, lo que hace diferente a Salem's Lot es el entusiasmo, la ingenuidad y la energía con que parece haberse escrito. Encontramos a un Stephen King que se recrea con libertad en escenas deudoras del estilo gótico y recargado de Poe o Lovecraft; desapariciones en bosques neblinosos, resurrecciones demoníacas y la eterna lucha entre bien y el mal. La santa señal de la cruz, estacas y agua bendita.

Pero también hay pasajes de una inspirada vena poética y melancólica. Sirva como ejemplo la parte que resume el paso de las estaciones sobre la amilanada y aburrida población de Jerusalem's Lot; o la ironía trágica con la que relata las miserables vidas de algunos de sus habitantes.

La obra podría entenderse como el homenaje de un joven King a los genios consagrados del horror; una obra más fresca y sincera que gran parte de su producción posterior. Por encima de todo es una auténtica y genuina historia de vampiros, al estilo de la narrativa clásica o las viejas películas de la Hammer, y como tal, logra estremecer por momentos, incluso al lector más curtido.

El misterio de Salem's Lot, La hora del vampiro o Phantasma II

Las traducciones al español del telefilme fueron, como se puede ver, de lo más variopintas y confusas. Como dato curioso, la edición en DVD aglutina todas las variantes; muestra en su carátula el erróneo título Phantasma II; en el menú leemos La hora del Vampiro, y ya en la película, al aparecer el título original inglés, una voz anuncia El Misterio de Salem's Lot. Incomprensible.

¡Abre la ventana, Él lo ordena!
Pero entremos en materia. En los años setenta ya era bien sabido que adaptar a Stephen King era asunto rentable, y la obra que nos ocupa tuvo su versión televisiva a finales de la década. El director elegido fue Toobe Hooper, que ya nos había dado La Matanza de Texas (1974) y que posteriormente seguiría fiel al género del horror, siendo su cinta más recordada la exitosa Poltergeist (1982).

Da la impresión de que Hooper se planteó El Misterio de Salem's Lot (Salem's Lot, 1979) como una auténtica película de género, sirviéndose de todos los recursos expresivos clásicos del cine de terror, entre los que destaca una magnífica banda sonora compuesta por Harry Sukman, que nada tiene que envidiar al sinfonismo clásico de Bernard Herrmann.

También hay que destacar una cuidada fotografía. A pesar de ser una miniserie, Salem's Lot está rodada en 35 milímetros, lo cual proporciona a algunas escenas un aspecto inmejorable. La casa de los Marsten resulta imponente en esos contrapicados, y las escenas en que los muertos reaparecen flotando en las ventanas de sus vecinos, son igualmente aterradoras.

La casa de los Marsten

Otro de los grandes atractivos es la presencia del veterano James Mason en el papel de Straker (¡Cómo olvidar su Phillip Vandamm en Con la muerte en los talones!). El actor británico nos regala una brillante interpretación que se sitúa muy por encima de sus compañeros de reparto, incluyendo al protagonista David Soul (que interpreta a Mears).

David Soul y James Manson

Pero el tiempo no pasa en balde. Me apena reconocer que los mismos años que han dado solera al libro de King, han tratado muy mal a su adaptación televisiva. A pesar de la cuidada fotografía, la película presenta un aspecto irregular en su diseño de producción; junto a las bellas localizaciones naturales (la mansión Marsten o las típicas calles rurales de Nueva Inglaterra), los decorados de estudio lucen pobres, artificiales y poco trabajados (la habitación de Mark Petrie o el cementerio).

Tampoco me resultó convincente el maquillaje vampírico de Mr. Barlow, inspirado claramente en el Nosferatu de Murnau, pero con un nefasto resultado que nos saca completamente de la historia. Quizás sea injusto hablar de los FX de maquillaje o del montaje sin una cierta perspectiva histórica, pero creo que incluso para ser una película de 1979, su ritmo es excesivamente lento y que a las escenas de acción – aquellas que enfrentan a los vampiros contra los humanos - les hace falta más de un tijeretazo.

Pese a sus fallos, reconozco que cuando la emitieron en Antena 3, no pude apartar los ojos del televisor, y que mi madre y yo aun recordamos con terror a un vampirizado Danny Glick pidiendo a su amigo Mark que abriera la ventana. El Misterio de Salem's Lot se disfrutará si se ve con nostalgia, perspectiva y comprensión.

Obvia decir que prefiero el libro. Aunque me falta por ver una versión más moderna (2004) producida por Warner Bross y protagonizada por el actor Rob Lowe, no creo que cambie mi opinión. Lo poco que he oído sobre ella no es precisamente bueno.

Más información en:
http://es.wikipedia.org/wiki/El_misterio_de_Salem%27s_Lot

domingo, agosto 21, 2011

Super 8 (J.J. Abrams, 2011)

Por fin llegó Super 8, la esperadísima producción de Steven Spielberg, dirigida por J.J. Abrams, responsable de la serie Perdidos y director de la divertidísima Star Trek (2009). Desde los primeros teasers las expectativas sobre esta fantasía de ciencia ficción se situaron en lo más alto, lo cual implicaba en mayor o menor grado una posible gran decepción.

Me siento afortunado al poder decir que, en mi caso, no ha habido tal decepción. Super 8 es una absorbente aventura de dos horas en la que los resortes del cine-espectáculo funcionan con la precisión milimétrica de una bomba de relojería. Cierto que el argumento no es nada nuevo, pero ¿Qué guión lo es hoy en día? ¿Acaso no llevamos años sufriendo la mediocridad de interminables secuelas, reboots o remakes?

J.J. Abrams usa arquetipos narrativos y visuales a modo de sólida base sobre la que construir una historia evocadora y nostálgica que no oculta sus raices, sino que las reafirma y las lleva por bandera.


Las virtudes de Super 8 no son pocas, empezando por el acertadísimo casting, en el que colaboraron activamente el propio Spielberg y Rob Reiner, director de aquella simpática adaptación de Stephen King, Cuenta Conmigo (Stand by me, 1986), de la que Super 8 toma más de una idea.

También ayuda a la inmersión una pulcra puesta en escena y una dirección de fotografía intimista sin ostentosos filtros de postproducción (aunque con una buena provisión de destellos de lente artificiales). La música de Michael Giacchino pone la ginda al pastel con una partitura que recuerda mucho a ese otro amigo de Steven Spielberg, John Williams.

Y es que es cierto, abundan los guiños y homenajes al cine fantástico de los años ochenta. El espectador encontrará referencias más que directas a Los Goonies, Encuentros en la Tercera Fase, E.T. e incluso a Evil Dead o La Noche de los Muertos Vivientes, y si no, atentos al nombre de la ficticia planta química que mencionan los chavales en su peli amateur.


Pero igualmente, es injusto decir que el film de Abrams no aporta nada nuevo, pues el respeto y amor al cine y a los modos de narrar clásicos, la brutal sinceridad de esta película y su fino humor blanco son algo decididamente nuevo y refrescante, en el panorama Hollywoodiense de los últimos años.

Desgracidamente, pocas películas están completamente libres de fallos. El guión es a ratos predecible y poco verosímil. La resolución de algunos conflictos o enigmas es demasiado ingenua incluso para una película de género fantástico. Por otro lado, la intensidad dramática de ciertas escenas no alcanza a las las de viejas producciones de Spielberg y aunque al final si que se suelta alguna lágrima, a J.J. todavía le quedan algunas lecciones que tomar de su mentor. En lo personal, tampoco me gustó demasiado Kyle Chandler, pero supongo que será cosa del personaje, porque en King Kong (Peter Jackson, 2005) el hombre estaba inspiradísimo.
 

A pesar de todo, el guión de Abrams (con excepción de un primer acto quizá demasiado largo) se desenvuelve de forma magistral en cuanto a su estructura, su ritmo narrativo y su hábil dosificación de suspense, humor y acción. Creo honestamente que Super 8 funciona y no defrauda. No sólo da lo que promete, sino que lo hace desde una perfección formal que debería ser carnaza de estudio en universidades de cine, y eso es, como dice Charles, valor añadido.